LA ZONA G8 : La "Flamenca" y el Banquero.

Una “flamenca” parece haber contraído matrimonio con un Banquero en secreto. La boda que alguien ha querido ocultar, así como los “intereses” de los que se sabe, ha dependido esta unión, no tiene nada que ver con el amor (un invento católico-romano), sino que responde al “paquete” de medidas y condiciones con las que la unión se ha celebrado por parte de quienes han ofrecido la mano de la novia.




La dote no puede ser más original. Aun así, dicha dote ya se caracteriza como la mejor moneda de cambio para este tipo de “arreglos”. 

La novia no era pobre, ni rica, solamente era demasiado “flamenca” para desenvolverse en un mundo que la obligaba a pasear un cante demasiado sonoro y arriesgado plagado de proxenetas que la han vapuleado hasta la extenuación, mientras ella engañaba a sus hijos. Lo ha estado haciendo desde que muriera el abuelo Paco que fue abuelo y padrastro a la vez.

Hasta que un día, vinieron aquellos hombres de negro y la compraron sin que ella se enterase, porque el trato se llevó a cabo, mientras dormía en el heno.

El “trato” que ha dado lugar al enlace, tiene su origen en aquellos años cuando el abuelo Paco la “vendió” de por vida, siendo una joven de “buen ver”.

El “secreto” había sido descubierto por casualidad por uno de los hijos de la protagonista, mientras realizaba obras en el cobertizo. Se trataba de una carta oculta en una caja bajo llave que había permanecido enterrada durante todos esos años. Y, cuyo contenido sólo sabían unos cuantos allegados al poseedor del “secreto”.

En el documento se hallaba todo el proceso por medio del cual la “flamenca” debía ser “entregada”.

Nuestra flamenca carecía de ningún fondo por el que sustentarse en un futuro, después de que las piernas le fallaran y no pudiese subir al escenario. Sus 16 hijos además, se verían abocados a subsistir sin recursos económicos o de orfandad. Y, lo que es peor; ella tampoco tendría acceso a ninguna prestación, dado que ni estaba casada, ni era viuda. Esto, nunca se lo explicaron a sus hijos, ni a los hijos de sus hijos. A todo esto, había que sumar el que la protagonista del enlace estuvo siempre en el foco inquisidor por el cual se observa de por vida a una pecadora.

Todo esto forma parte del secreto que esconde esta unión perfectamente diseñada para que el futuro sonría, en parte, a aquellos miembros de la familia que no conocen, ni por asomo, al novio. Un novio Banquero no se tiene todos los días. Y, si además, el novio es hijo, nieto y bisnieto de Banquero, mejor.

Si además, le añadimos que es inglés y de buena familia no hay nada que discutir. Entre los invitados al enlace, celebrado también en secreto y por el rito católico, se encontraban parte de aquellos que participaron en la “venta”, pues muchos de ellos habían decidido no mostrarse entre el resto de invitados, entre otros motivos, por ser grandes detractores del catolicismo y por aquello de evitar comentarios entre el resto de comensales con parte en el pastel. Muchos de ellos, se encontraban entre la lista de aspirantes a la mano de la doncella y habían contribuido, desde hacía décadas, al mantenimiento de la pecadora y a su prole con suculentas cantidades en metálico y en especie de las que los destinatarios no habían tenido conocimiento, a excepción del único vástago poseedor del documento.

Tras la celebración de la unión definitiva, la doncella accedió al vehículo habilitado para la ocasión y engalanado discretamente en el que partió hacia un lugar del que no trascendió ningún dato que hiciera deducir su localización por expreso deseo de uno de los testigos que acudieron al enlace que, además dijo identificarse como “uno” de los Padrinos.

En cuanto a la identidad de los novios, esta había sido sometida a un riguroso control, a fin de que no trascendiera dato relativo alguno. Aún así, existían datos fehacientes sobre la identidad de la novia, cuyo nombre de bautismo era España. 



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