LA ZONA G8 : Putin, crímenes y Mafias.

El crimen a sangre fría cometido en contra del opositor Boris Nemtsov, a pocos metros del Kremlin de Moscú, trae a la memoria la lista de políticos y periodistas críticos que han sido asesinados o atacados hasta con veneno en la Rusia gobernada por Vladimir Putin. Víctimas por las que se sigue exigiendo justicia.

El entierro de Boris Nemtsov, asesinado con cuatro disparos, fue multitudinario en las calles de Moscú. Hubo gritos de justicia.

“Las balas que mataron a Nemtsov iban dirigidas a todos nosotros”, decía una de las pancartas que se exhibieron durante la multitudinaria marcha organizada para rechazar el asesinato del líder opositor ruso Boris Nemtsov, el 1 de marzo de 2015.

Nemtsov murió de cuatro tiros el último viernes de febrero, cerca del Kremlin, cuando caminaba junto a una mujer, en Moscú. Y aunque el presidente Vladimir Putin se adelantó a ofrecer que se capturará y castigará a los culpables, los opositores señalan directamente al gobierno como principal responsable, por haber fomentado el clima de intolerancia ante la disidencia política.

El exdiputado ruso Guennadi Gudkov ha dicho que “las autoridades han creado un clima de odio, enemistad y persecución al tachar de traidores a la oposición. Todo esto no podía acabar de otra manera”.

Nemtsov, de 57 años, fue un crítico frontal a la guerra en Ucrania y un implacable fiscalizador del gobierno de Putin, quien envió una corona de flores a su sepelio, desarrollado el martes con una importante presencia de embajadores y políticos extranjeros.

Uno de los amigos del político asesinado es el ajedrecista Gary Kasparov, excampeón mundial, quien no pudo estar presente en sus exequias, “porque temo por mi seguridad personal”, declaró. Kasparov no vive en Rusia.

Nemtsov tenía 57 años y era un declarado opositor al gobierno de Vladimir Putin.

La sensación de riesgo mortal por ser críticos del régimen de Putin crece con este crimen, pero no es su punto de partida. El caso más espectacular, por su método, fue el de Alexandre Litvinenko, envenenado con un isótopo radiactivo, Polonio­210. Él fue ex espía con rango de teniente coronel en los servicios secretos soviéticos, la KGB, que luego pasó a llamarse el FSB, Servicio Federal de Seguridad.

A fines de los 90, Litvinenko chocó con el jefe del FSB, a esa fecha, Vladimir Putin. Fue detenido nueve meses por abusar de su posición y después escribió un libro: “Rusia dinamitada, tramas secretas y terrorismo de Estado”, en el que, entre otras cosas, afirma que los atentados contra bloques de viviendas ocurridos en 1999 en Buinaksk, Moscú y Volgodonsk ­que dejaron 293 muertos­ fueron organizados por el FSB y no por los separatistas chechenos.

Lo que le deparó después fue el exilio en Londres. En esa ciudad se acercó al millonario ruso Boris Berezovski, declarado opositor de Putin, quien gozaba de asilo político en Reino Unido. Se cree que fue envenenado con el Polonio­210 el 1 de noviembre de 2006 durante una reunión con un exagente de la KGB que lo convocó para supuestamente entregarle información sobre el crimen de la periodista Anna Politkovskaya.


Alexandre Litvinenko

Los efectos del veneno en su cuerpo fueron registrados en amplios espacios por parte de la prensa británica, que convirtieron a Litvinenko en un símbolo de la represión a los opositores por parte del Kremlin. Las imágenes del ex espía postrado en una cama de hospital dieron la vuelta al mundo y pocos días después murió.

Según el portal español Infolibre.es las autoridades británicas abrieron una investigación por la muerte de Litvinenko que ha resultado en la petición de extradición del ex agente de la KGB Andrei Lugovoi, ahora diputado en la Duma rusa, como principal sospechoso de este “asesinato de Estado”. 

Andrei Lugovoi

Londres asegura que ha entregado a Rusia pruebas suficientes de la implicación de Lugovoi, pero Moscú la ha rechazado y apunta a Berezovski, el declarado opositor de Putin, como responsable del envenenamiento. 


Boris Berezovski

A Berezovski también se lo pretendió vincular con el crimen de la periodista Anna Politkovskaya, pero en marzo de 2013 este millonario apareció muerto, aparentemente ahorcado.

Anna Politkovskaya era, probablemente, la más prestigiosa periodista rusa hasta el día de su muerte, ocurrida en octubre de 2006 por un tiro en la cabeza que recibió en el ascensor del edificio en donde vivía. Tenía lista, para publicar en Novaya Gazeta, su último medio, una investigación respecto a las sistemáticas torturas que se daban en Chechenia


Tortura y asesinatos en Chechenia.

Antes de eso, escribió su libro “La Rusia de Putin, la vida en una democracia fallida”. Allí expuso que “somos nosotros los responsables de las políticas de Putin…pues la sociedad ha mostrado una apatía sin límites… Cuando los miembros de la Checa (policía secreta) se afianzaron en el poder, les dejamos ver nuestro miedo y, desde entonces, solo se ha intensificado su compulsión por amenazarnos. La KGB solo respeta lo fuerte, devora lo débil”.

Anna Politkovskaya

El gobierno de Putin se esmeró en encontrar los responsables del crimen de la periodista que tanto lo criticó. Y logró detener cinco personas, entre autor material y cómplices. Nunca quedó claro quien fue el autor intelectual y para la familia de Anna, su muerte quedó impune.

“Nos estamos precipitando al abismo soviético, en un vacío de información que aleja a la muerte de nuestra ignorancia. Todo lo que nos queda es la internet, donde la información todavía está libremente disponible. Para el resto, si quieren ir a trabajar como periodista, es total servilismo a Putin. De lo contrario, puede significar la muerte, bala, veneno o juicio o ­lo que sea que nuestros servicios especiales, los perros guardianes de Putin, crean adecuado”, decía Politkovskaya sin miedo en ese mismo libro. A ella la mataron un 7 de octubre, el día del cumpleaños de Vladimir Putin.

“No es una casualidad que no hayas oído hablar de Chechenia últimamente. El gobierno quiere que el mundo crea que el conflicto ha terminado y que está reconstruyendo el país. Controla los medios de comunicación y evita que la voz del pueblo y la verdad se conozcan”, dijo Natalia Estemirova.

El 15 de julio de 2009, hombres armados secuestraron y mataron en Chechenia a la defensora rusa de derechos humanos Natalia Estemirova. 

Según testigos presenciales, la obligaron a entrar en un automóvil delante de su casa y se la llevaron. Horas después hallaron su cadáver en la vecina república de Ingusetia; le habían disparado a quemarropa.

Natalia Estemirova trabajaba desde el año 2000 en el Centro de Derechos Humanos Memorial, en el Cáucaso Norte. Había recopilado declaraciones de testigos de crímenes de lesa humanidad cometidos en Chechenia. En octubre de 2007, fue galardonada con el primer Premio Anna Politkovskaya por una organización que apoya a las mujeres defensoras de los derechos humanos en la guerra y el conflicto. 


Stanislav Markélov

Estemirova trabajó con la periodista investigadora Anna Politkóvskaya y el abogado de derechos humanos Stanislav Markélov, quienes también fueron asesinados, en 2006 y 2009, respectivamente.


Natalia Estemirova

En la atmósfera cada vez más restrictiva de Chechenia, Natalia Estemirova fue una de las pocas personas que se atrevió a publicar información sobre violaciones de derechos humanos en las que podrían estar implicadas autoridades gubernamentales.

En julio de 2009, Natalia habló con los medios sobre la desaparición forzada de un joven que se encontraba en el hospital bajo custodia policial y sobre otro caso de presunta ejecución extrajudicial. 

Según informes, el Defensor de los Derechos Humanos de Chechenia le dijo que sus comentarios habían molestado a las autoridades chechenas y que con su franqueza se había puesto en peligro. Varios días después la mataron.










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