La zona de la Radio : Larreadio

“Se murió mi marido. Y al otro día de morirse, me fui a la escuela. Se ha muerto mi hijo. Y al otro día de morirse, me fui a la escuela. Porque es superior a mí. Me gusta mucho la escuela. Me gusta mucho aprender [...] A lo mejor estaba fregando el suelo, se me venía un poquito y lo escribía. Y cuando terminaba de fregar el suelo había escrito una poesía”. 



Puede que la historia de Amalia, una mujer de la provincia de Jaén de más de 80 años, sea la de muchas mujeres que tuvieron que abandonar el colegio para ponerse a trabajar cuando eran unas niñas. Pero la historia de Amalia es suya, es única y probablemente no se estaría narrando en este reportaje si previamente un periodista no le hubiera dado voz. Alejandro Pérez (Jaén, 1985) cuenta historias de gente sencilla a través de la radio en directo. Lo hace con calma, sin prisas, subido a una mula, que carga la emisora Fm portátil, la antena, los micrófonos y la mesa de mezclas. Es Larreadio.

“El periodismo que me interesa es el que está en la calle, buscando historias. Necesita sus propios tiempos y eso a veces no casa con el modelo imperante donde prima la inmediatez más allá de la propia historia. Creo en el periodismo que sale a la calle a buscar, con más o menos dinero pero con la voluntad de preguntar, explicar y dar a conocer un aspecto determinado de la sociedad. No tenemos mucho que ver con los gabinetes y las ruedas de prensa. Es como comprar un tomate en una tienda o criarlo tú, no hay color”, explica Alejandro, durante una ruta que lo llevaría desde Jaén hasta Tarifa (Cádiz). 



Lo acompañaba, en una burra, José Manuel Alguacil (Padul, Granada, 1981), director de fotografía. Él realizaría un documental sobre la experiencia titulado Alejandro, la mula y la radio. La memoria contra el olvido, para el que iniciaron una campaña de crowdfunding.

“Nuestro objetivo es escuchar, descubrir y contar las historias de un territorio todavía desconocido. Andalucía vista por dos andaluces”, afirmaba José Manuel, que tuvo la suerte de aprender de Gabriel García Márquez cómo contar un cuento, la clase que impartía el Nobel de Literatura en la Escuela de Cine de Cuba, donde estudió este joven granadino.

Ambos han explorado territorios ajenos al suyo, al otro lado del Atlántico. Alejandro ha sido monitor y expedicionario de la Ruta Quetzal en Colombia, Panamá y Costa Rica, voluntario en Argentina y Uruguay. En Colombia y Ecuador, José Manuel ha impartido talleres de teatro y fotografía en las pequeñas comunidades que rodean el Río Putumayo para acercar otras culturas a las comunidades rurales. Pero es Andalucía lo que los ha unido. Los dos se conocieron en una manifestación de Stop Desahucios en Granada, cuando el Ayuntamiento desalojó a los vecinos de las cuevas de San Miguel.


Alejandro le habló de Amalia, la mujer que aprendió a escribir poesía fregando, de Manuel, un hombre que trenza esparto a seis euros la hora, de todas aquellas personas que le abrieron sus casas y sus vidas en una primera ruta por la provincia de Jaén. Alejandro escuchó con entusiasmo y allí mismo, en una protesta por el derecho a la vivienda, fraguaron esta segunda expedición por las veredas de feriantes, maquis, tratantes de ganado, cabreros y vendedores de pescado. Un periplo que intentaba recoger la esencia de pueblos de Jaén, Córdoba, Málaga y Cádiz.

“Afrontamos este nuevo recorrido con curiosidad, ganas de andar y un poco de incertidumbre porque viajar con una mula y una burra es un tanto impredecible. Además de la emisora llevamos un espectáculo de títeres de sombra. La idea es utilizar el teatro para contar las historias que también buscamos”, añadía Alejandro. No sabe qué vidas le esperarán ahora. “Y el no saberlo es uno de los motores del proyecto. Tengo confianza en la diversidad de todos estos pueblos y en las personas que viven en ellos. Mi intención es poder captar lo que ocurre en estas poblaciones relacionándolo con el pasado. La mula y la radio son los medios. Espero encontrar historias que ayuden a entender los cambios que se están produciendo y acerquen a generaciones por las que ha pasado algo más que el crecimiento económico“.

Según palabras de Alejandro, confían en llegar a los más jóvenes en unos pueblos que ya de por sí, están olvidados: “Me decía un pastor: ‘El campo nadie lo quiere y del campo viene todo’. En mi opinión hay que recuperar y revalorizar la sabiduría popular mejorando y ampliando las oportunidades de la gente, conectar los pueblos con el resto del mundo como fuentes de cultura y de vida”. 

¿La mula es la misma que la de la anterior expedición? “No, la estuvimos buscando hasta el último día en una feria de ganado en Los Palacios. Pero no la encontramos”, aclaraba José Manuel. La nueva se llama Amparo y la burra acompañante, prestada generosamente por una asociación para la preservación del burro, lleva por nombre Estrella. 



Los primeros días del viaje pararon en La Pedriza, en Alcalá la Real, el pueblo donde nació Leandra, la abuela de Alejandro: “Esto simboliza muy bien nuestro proyecto, que es conocer las raíces, recuperar la memoria y reinventar esa memoria, traerla al presente y hacerla nuestra”.



TEXTO ORIGINAL OLIVIA CARBALLAR









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