LA ZONA DEL ARTE : El Profeta Loco

El actor y director Eduardo Velasco se sube a la cruz para permanecer allí durante 10 horas, toda una jornada laboral, pero su particular estación de penitencia teatral. 



El Centro de Arte Contemporáneo (CAC) Málaga acogía la performance previa al estreno en el Teatro Echegaray de 'El profeta loco', el 12 de septiembre de 2013, una aproximación escénica a Jesucristo que este actor y director ha escrito al alimón con Paco Bernal.

“¿Cómo hacemos una disertación filosófica sobre este personaje, que se ha convertido en el mayor producto de ‘merchandising’ de la historia, y a la vez logramos hacer buen teatro?”, se preguntaba Velasco en el breve lapso de tiempo en el que se bajaba de las maderas para hablar del espectáculo con los medios y los visitantes del CAC Málaga. El intérprete y Bernal, dramaturgo malagueño de amplio vuelo, respiraban satisfechos: 

“Hemos conseguido un espacio mágico con este espectáculo”, decía Eduardo Velasco poco después de dejar en el maniquí la peluca y la corona de espinas. Y es que el envite era mayúsculo: recrear en escena a una figura histórica tan poliédrica, estudiada, interpretada, reinterpretada y manipulada como la de Jesús de Nazaret, “un personaje cuyo mensaje de amor ha sido completamente tergiversado”. 



De tan inmensos caminos y posibilidades, los coautores optaron por resaltar la “humanidad” del personaje, “el único dios que es tangible”, mostrando a un tal ‘Jesús’ como trabajador de la cruz.

Eduardo Velasco

Para afrontar el reto, Eduardo Velasco resucitaba su compañía Avanti, con la que estrenó en 2005 en Almagro Después de Ricardo, y ha vuelto a contar con compañeros como Julio Fraga (iluminación y asesoría de dirección) y Miguel Zurita (ayudante de dirección). 

Además, parte fundamental del proyecto son también Jesús Durán (autor de la música), Rocío Bonilla (directora de arte), Cuca Escribano (asesoría de dirección) y Katy Navarro (maquillaje), así como La Cochera Cabaret, un nuevo pero ya consolidado espacio escénico malagueño que no ha hecho sino facilitar todo el trabajo de ensayos y preparación del montaje.

Eduardo Velasco, nació en Santa Coloma de Gramenet, criado teatralmente en Málaga y curtido en series como El internado o producciones teatrales como De ratones y hombres, empezó a maquinar la idea de interpretar a Jesucristo en una conversación con Andrés Lima y José Luis García Pérez

La subida del IVA, el descalabro de la profesión y el éxodo de compañeros hacia América Latina fueron las espoletas que le convencieron. Por ello tiró de Avanti, una compañía con un claro teatro de compromiso social, ideológico y político. 



Sus cimientos, referentes como el ‘Segismundo’ de Calderón de la Barca o el ‘Hamlet’ de Shakespeare, así como los autos sacramentales españoles de la Edad Media y la mirada siempre puesta en “la calle”. Y siempre reflexionando, como recordó Paco Bernal, sobre qué diría este personaje si ahora husmeara por un agujerito y nos preguntase mirándonos a los ojos: ‘¿Qué habéis hecho con todo lo que yo os dije?’

La performance invita al espectador a reflexionar sobre un tal ‘Jesús’ como trabajador de la cruz. Su jornada laboral es una jornada de crucifixión. Y mientras él espera, el mundo y el tiempo pasan cabalgados por la historia diaria. Un Jesús que trabaja para múltiples ‘empresas’ multinacionales que lo tienen en nómina en calidad de icono mágico y referente primigenio. Su labor diaria y única consiste en estar ahí, en exposición permanente ante todos.



Velasco entiende la necesidad de exponer, y exponerse en primera persona, como modo de crítica para visualizar un proceso bimilenario de explotación, degradación y manipulación. Y lanza un grito silencioso al espectador para dar a entender que todo es mercado. 

Que las religiones son empresas y que Jesús ha devenido en mercadería fetiche. En definitiva, la propuesta pone en juego el tiempo, el espacio, el cuerpo del artista y la relación entre éste y el público con el propósito de evidenciar la metamorfosis y la involución de un mensaje radical de transformación social y política reduciendo a su protagonista a mero objeto de adoración.

La pieza dramática 'El profeta loco' nos sitúa durante una noche de luna llena en la austera capilla de un monasterio. La luz plateada cae sobre el crucificado y cuando los ecos del canto gregoriano se apagan, un hombre baja de la cruz con cautela. Tiene hambre y sed tras todo el día en su puesto de trabajo. Otra noche a pan y vino y van ya dos mil años. Se enfrenta a sus miedos y fantasmas. Siente la garra de la soledad, pero no está tan solo como cree. Y una pregunta subyace en sus reflexiones, ¿qué hicieron con todo aquello por lo que se sacrificó?

La posibilidad de ser descubierto por los monjes mantendrá continuamente en alerta a nuestro protagonista. Un personaje que solo necesita unas vacaciones y desconectar, una oportunidad para la cordura.


TEXTO ORIGINAL SUR.es


La Asociación de Artistas Plásticos Onubenses Enrique Montenegro (Aapoem) iniciaba una recogida de firmas a través de la plataforma change.org con el objetivo de que permaneciera abierta la sala Siglo XXI del Museo Provincial de Huelva, como espacio dedicado al arte contemporáneo onubense gestionado por la Diputación provincial onubense. En una aclaración de los responsables de la petición, se recogía una curiosa "anécdota", relacionada con la misma. 








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