ESPAÑA ME MATA : del Eepitelioma al Infarto

Andrés Martínez Medina, de 77 años, abandonó el Hospital Carlos Haya a las 14.45 horas del 28 de febrero de 2014, día de Andalucía, tras recibir el alta de una operación por un epitelioma en el cuero cabelludo. Al llegar a su casa le dijo a su esposa que se iba a tumbar un rato en el sofá. Sobre las tres y media de la tarde murió a causa de un infarto, a los cuarenta y cinco minutos de haber salido del centro hospitalario. 



Su familia, que presentaba una reclamación en Carlos Haya, denunciaba que hubo «excesivas prisas» a la hora de dar el alta al paciente, premura que relacionaba con la falta de camas que tenía el centro hospitalario. Así, los familiares del fallecido no comprenden por qué al enfermo no se le hizo un electrocardiograma al día siguiente de ser operado a pesar de que sentía un fuerte dolor en el pecho.

En la queja presentada por escrito ante el hospital se mencionan varias deficiencias que ocurrieron durante la hospitalización de Andrés Martínez, que ingresó el 25 de febrero para una operación programada. La intervención, que se ejecutó al día siguiente, se retrasó al no haber celadores que condujesen al enfermo al quirófano. 

El propio cirujano plástico, ante esa tardanza, fue a por el paciente y lo acompañó hasta la sala de operaciones, adonde Andrés Martínez llegó andando.

La intervención, que se hizo con anestesia local, consistió quitarle un epitelioma de cuero cabelludo para lo que se le hizo un injerto con piel procedente del muslo. El paciente, sobre las 20.30 horas del día de la operación, sufrió una hemorragia. El cirujano plástico de guardia acudió y taponó la herida.

A las siete y media de la mañana del 27 de febrero el enfermo pidió a su mujer que llamase a la enfermera porque sentía un fuerte dolor en el pecho. La profesional de enfermería tomó la tensión del paciente e indicó que los valores eran normales y que ese tipo de dolor era nervioso. 

Dos horas más tardes, Andrés Martínez acudió, como hacía una vez a la semana, a una sesión de diálisis. Cuando regresó a su habitación, sobre las 14.30 horas, no fue visto por el cirujano plástico. El paciente pasó la noche sentado en un sillón debido al fuerte dolor de cabeza que le aquejaba.

Cuando la familia de Andrés Martínez lo visitó el 28 de febrero se encontró con que le habían dado el alta. Una de sus hijas habló con el cirujano de guardia, que le dijo que el paciente estaría en su casa igual que en el hospital. «No se tuvo en cuenta la patología previa de mi padre. Cuando íbamos a marcharnos nos dimos cuanta de que aún tenía puesta la vía. Con las prisas no se la habían quitado», afirmó una de sus hijas. Andrés Martínez salió de Carlos Haya sobre las 14.45 horas. Cuarenta y cinco minutos después falleció.

La familia, en la reclamación presentada, denuncia que hubo «excesivas prisas en el dar el alta médica a un paciente que no se encontraba en condiciones de estar en su casa». Asimismo, en el escrito se dice que por la premura con que se hicieron los trámites en el informe de alta se puso la fecha del 25 de febrero cuando era 28 de febrero. 

La hija del paciente que firma la reclamación señala: «Sé que las prisas obedecían a la falta de camas que padecía el hospital y al intento de dejar algunas libres debido al colapso que existía en los ingresos». Asimismo, critica que el cirujano plástico de guardia le diese el alta a su padre sin tener en cuenta sus antecedentes previos. 

Por su parte, fuentes oficiales de Carlos Haya, tras lamentar la muerte del enfermo, dijeron que el equipo quirúrgico y anestésico siempre evalúan los riesgos y el estado de los pacientes. Asimismo, precisaron que todas las altas se dan por criterio clínico independientemente de que haya camas libres o no.

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