MEMORIAS DE UN PUEBLO : El Pueblo donde no se quedaban las Gigüeñas

¿Por qué la cigüeña pasaba y no se quedaba? Esa era la pregunta que se hacía un día de primavera, un visitante al pueblo. Otro buen día, el visitante volvió a preguntarse lo mismo. Pero, esta vez intentó buscar la respuesta en los vecinos.


Muchos le miraban con extrañeza cuando escuchaban preguntar una cosa tan “absurda” e inexplicable, para unos, pero que otros, achacaban a la Naturaleza de los animales. El visitante, sin embargo, se basaba en un hecho que había tenido lugar durante su estancia en el mismo. Un pueblecito de la provincia de Huelva.

Ese fue el caso de uno de los vecinos que contestó al visitante, ante la sorpresiva pregunta. “Los animales tiene su Naturaleza, le contestaban. Puede que aquí no se dé la temperatura adecuada”. O, respuestas tan insólitas como que: “Puede que les den miedo los cohetes”.

Había respuestas de todos los estilos. Y había gente que contestaba con interés ante una pregunta que, al cabo de los años, pensaban, no se habían hecho nunca. Lo que si estaba claro, era que muchas personas recordaban haber visto Cigüeñas en sus Torres.

El visitante estuvo tentado de preguntar a algún niño que le dijese algo acerca del tema. Si había personas que recordaban haber visto Cigüeñas en sus Torres, entonces, los niños podían recordar, según su edad, algo al respecto.

El visitante se paró por un momento a pensar acerca de los niños. Si ningún niño a los que preguntara recuerda haber visto Cigüeñas, eso significaría que no hace mucho tiempo. Después tendría que preguntar a personas más mayores. Y, según su edad, averiguaría el tiempo que hace que las Cigüeñas no anidaban en sus Torres.

Como le fue imposible poder preguntar a ningún niño, pues no coincidía con ninguno, optó por la más sencilla. Le preguntaría a una persona mayor del lugar.

Y así fue. Era una mujer mayor y con una edad que no le confesó, pero con la suficiente como para poder creer que lo que le decía era verdad.

La mujer estaba sentada en el brocal de un Pozo muy cerca de donde vivía. Allí solía ir a echarle de comer migas de pan a unos gatitos que cada día, al llegar ella, acudían a la merienda. El visitante entabló conversación con la anciana, precisamente porque fue ella quien le saludó primero, ofreciéndole sus atenciones.

A la pregunta de por qué no anidaban las Cigüeñas en el Pueblo, el visitante expuso el motivo por el que la hacía, ya que la anciana se mostró interesada en saberlo. Esta se mostraba muy complaciente en contestarle. Pero fue ella la que contestó con otra: “¿Es usted investigador?”.

El visitante le confesó que solo venía de visita al Pueblo. Pero, que nunca nadie le había contestado a esa pregunta. Indudablemente, había un acontecimiento ocurrido durante aquellos días que el visitante relató a la anciana. Precisamente, esa anécdota, fue la culpable de que se decidiera a preguntar a la gente.

Contó que durante una de sus visitas, le sorprendió por detrás una Cigüeña que volaba en solitario. No sabía explicar bien de qué lado venía. Pero estaba seguro que en un primer instante, la Cigüeña venía de dirección Norte hacia donde estaba él, cerca del Pueblo. La anciana le interrumpió: “!Ah sí¡…de la Sierra”.


Efectivamente, asintió el visitante. Seguidamente, este le contó que pasó un gran rato observando el vuelo del animal, porque se dirigía al Pueblo. Entró en el mismo por la parte Norte. Y lo recorrió en toda su extensión hasta la parte Sur. En su recorrido, el ave revoloteó minuciosamente escrutando el lugar en donde había una Torre. Después, este emprendía el vuelo hasta la siguiente. Así, hasta perderse a lo lejos abandonando el Pueblo.

El visitante relataba a la anciana la historia, mientras esta enseñaba un hilillo de sonrisa pícara y sabia. Al finalizar, el visitante dijo, que era algo curioso que no se hubiese posado en ninguna, después de inspeccionarlas todas. Y tuvo suerte, porque la respuesta de la anciana le convenció. Viniendo de un mayor del lugar, era lo más creíble, pensó.

La anciana le contó que hacía muchos años que dejaron de verse posadas en las Torres. “La última vez, fue en la de la Iglesia del Convento para echarlas. Pusieron alambres en la Torre. Decían que se cagaban y ensuciaban…mire usted”. Esta, dijo al visitante, que se rumoreaba, que la culpa era de los Curas. La anciana contó al viajero, que ella personalmente, conoció a una de las personas a la que encargaron, en una ocasión, la labor de expulsar a las Cigüeñas de los Campanarios. Y que este hombre, colocó alambres en las mismas con el objeto de que no anidaran. 

El visitante le comentaba a la anciana entre tanto, que esas aves estaban protegidas. 

A lo que la anciana contestaba afirmativamente, como dando a entender que conocía ese dato.

“Después - continuaba la anciana-, en la de la Iglesia, hicieron lo mismo. Y con la misma excusa. Una pena”.

Ahora comprendía por qué aquellas Cigüeñas revoloteaban por encima de las Torres. Inspeccionaban el lugar y lo abandonaban sin interrumpir el vuelo. Era algo que no hubiera podido imaginar. Algo que no hubiera sabido nunca de no haber sido por aquella mente sabia a la que agradeció su información y le sacó de dudas. Pero, que en el fondo, le dejó triste por otro lado.

Antes de despedirse, la anciana le dijo una breve frase: “En Villalba, muchacho, la gente es muy Pulcra, hijo…”

Caricatura de Elena Ospina


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