LA ZONA DEL ARTE : Homenaje al Icue

Situada en el Puerto de Santander, se encuentra una escultura que hace referencia a los raqueros.

Ese tipo de niño, pilluelo, desarrapado, oportunista, es común en muchas ciudades portuarias y, en la mayoría de los casos, pasa a formar parte del paisanaje de la ciudad, como también lo forman los hombres de negocios, los comerciantes, las nodrizas o los camareros.


En el siglo XIX y parte del XX esos muchachos poblaban los puertos; a veces,  a la búsqueda de una moneda o algún pequeño tesoro que les permitiera salvar el día y comer caliente, otras, a dejar transcurrir el tiempo mirando el mar y soñando con embarcarse algún día.

En Cartagena predominaban los de este último tipo y su denominación es peculiar por ser un término localista; icue era como se nombraba a esos niños que andaban por el puerto; que hacían novillos y se iban a la Cortina donde escondían sus ropas y se quedaban en calzoncillos para zambullirse en el agua, saltar entre las rocas del muelle y jugar a ser marineros. 


A diferencia de los raqueros, los icues tenían hogar y familia y también buen corazón. A veces ayudaban a alguna señora a transportar sus bolsas de la compra y la moneda que ésta les daba como premio se la traspasaban a algún mendigo necesitado. 

En 1968 José López Cela tenía 12 años. Era un icue que, a pesar de haber conseguido una beca para estudiar en el colegio del barrio de Santa Lucía, pasaba el día en el puerto enredado con el mar. Su padre decidió entonces que entrara a trabajar en una cantera, dado el poco éxito de su esfuerzo académico, y allí, entre bloques de piedra conoció, una año después, a Manuel Ardil Pagán, un joven escultor formado en el taller de su padre, Manuel Ardil Robles y con una carrera artística notable.

José López Cela, en la fuente del Icue. :: PABLO SÁNCHEZ / AGM

El escultor se fijó en ese muchacho y le propuso que posara para él con el fin de hacer un homenaje a los icues. 

Subido en sacos de escayola, López Cela posó y aguantó una amplia sesión de fotos y bocetos sosteniendo un plátano en la mano que hacía las veces de un pez.

Conjunto escultórico de Los Raqueros, Santander, por José Cobo.

No recibió por el posado retribución monetaria alguna, sino que el escultor, a cambio, le enseñó a tallar y modelar; enseñanzas que le sirvieron a José para que a día de hoy trabaje con soltura la piedra, el ladrillo, el pirograbado y la marquetería.

Aquellos bocetos de Ardil Pagán se tradujeron, en 1969, en una escultura deliciosa que muestra al icue, subido en los bloques de piedra del muelle y sosteniendo entre sus manos un aladroque, otro término cartagenero que denomina al boquerón, de cuya boca surte un chorro de agua.




Fundido en bronce, fue colocado en la castiza Puerta de Murcia (también conocida como Plaza del Icue), donde confluyen las calles Sagasta, del Carmen y Santa Florentina, delante de la casa Pedreño, un edificio ecléctico de finales del XIX obra del arquitecto Carlos Mancha.

En 2006 fue restaurado después de haber perdido tres dedos de la mano izquierda por un acto vandálico.

Hace dos años surgió la dudosa feliz idea de disfrazar al icue según el acontecimiento que tocara, imitando así lo que en Bruselas se hace con el Manneken Pis. Esta iniciativa, fruto de algún ingenio poco proclive a valorar el patrimonio como obra de arte, no fue muy bien acogida entre los cartageneros, la mayoría de los cuales sí que reclamaron actividades infantiles en torno a la escultura, rutas para dar a conocer este y otros personajes cartageneros o una placa que explique el porqué de la obra y quién fue su autor.


Los ciudadanos tienen iniciativas culturales y es una pena que no se vean secundados por el "genio" político, ávido muchas veces de dar a conocer su ciudad aunque para ello haya que ponerle a Papá Nöel un aladroque en la mano.

Más:
"El Icue", en Wikipedia.
"Sí, yo era el clásico Icue, un golfillo espabilado pero muy honrado", en laverdad.es, de 22 de julio de 2011
"¿Traje o placa para el Icue?"
"41 días en ser solucionado. El Icue recupera los dedos de la mano izquierda"
El terror de los guindillas
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