LA ZONA ECOLÓGICA : Monsanto y la Guadaña


Una mega compañía está haciéndose gradualmente con el control de nuestro suministro de comida, envenenando nuestro sistema político y poniendo en grave peligro el futuro de los alimentos del planeta. Para evitarlo, necesitamos desenmascarar a Monsanto y acabar con su férreo yugo a nivel mundial.



Monsanto, el gigante químico que ya nos ha dejado venenos como el Agente Naranja y el DDT, se ha montado un negocio redondo. 

Paso 1: desarrolla pesticidas y semillas genéticamente modificadas (OGM) diseñadas para tolerarlos, las patenta, prohíbe a los agricultores replantarlas año tras año y envía agentes encubiertos para investigarlos y demandarlos si no obedecen. 

Paso 2: invierte millones en presionar a cargos políticos de todo el mundo y subvenciona campañas electorales, coloca a sus antiguos gerentes en cargos clave del gobierno y trabaja con ellos para debilitar las regulaciones medioambientales y dar el empujón definitivo a sus productos en todo el mundo.

El hecho de que Estados Unidos permita a las grandes corporaciones invertir cantidades ilimitadas de dinero en influir en sus políticas implica que estas empresas consiguen a menudo comprar las leyes que desean. 

En 2012, Monsanto y otros gigantes de la biotecnología se gastaron 45 millones de dólares sólo en impedir la aprobación de una propuesta de ley que habría conseguido el etiquetado de productos genéticamente modificados en California

Todo ello pese a que el 82% de los americanos desea saber si está comprando productos de esas características. Precisamente ahora, la compañía ayudó a imponer la "Ley de Protección de Monsanto”, que impide a los tribunales paralizar la comercialización de un producto de su marca, incluso si su licencia de venta ha sido aprobada erróneamente por el gobierno.



El poder de Monsanto en Estados Unidos le sirve de plataforma para ejercer su dominio en todo el mundo. Pero desde Brasil y Argentina a la Unión Europea, pasando por Canadá y la India, audaces agricultores y activistas se están resistiendo y comenzando a ganar batallas.

Monsanto está protagonizando un asalto a la agricultura industrial. Pisoteando a pequeños agricultores y pequeñas explotaciones agrarias y dando pie a vastas granjas de monocultivo que chupan los nutrientes de la tierra como si fueran sanguijuelas, disminuyen la diversidad genética y aumentan la dependencia a fertilizantes, pesticidas y otros químicos. 

La ironía es que no está claro que la destrucción de la agricultura natural y sostenible haya traído un auge en el rendimiento de los cultivos. Lo único cierto es que ha logrado aumentar los beneficios de las grandes empresas. Nuestros gobiernos deberían reaccionar pero el lobby de Monsanto se lo impide. 



El quasi-monopolio de Monsanto es sencillamente impresionante: actualmente tiene derechos de patentes sobre el 96% de las semillas genéticamente modificadas en Estados Unidos. Y pese a la preocupación por la salud y la seguridad, ¡esas mismas patentes permiten que Monsanto impida que cualquier agricultor o científico analice sus semillas! Aun así, algunos países han prohibido o restringido los productos de Monsanto.

Ellos afirman que sus productos son más baratos pero a menudo llevan a los agricultores a formalizar contratos de varios años. Entonces los precios de las semillas suben y deben comprarlas cada temporada y utilizar más herbicidas para controlar las súper malas hierbas. En India la situación ha llegado a tal extremo que una zona algodonera ha sido bautizada con el nombre de “el cinturón suicida” después de que decenas de miles de agricultores sin recursos decidieran quitarse la vida para escapar de las asfixiantes deudas.



Pero agricultores y científicos están plantando batalla y obteniendo victorias. Un grupo en India ha ayudado a ganar tres casos sobre patentes, y en Brasil, cinco millones de agricultores han demandado a Monsanto por el cobro injusto de derechos ¡y han conseguido una compensación de dos mil millones de dólares! Los científicos están haciendo campaña para implantar modelos de agricultura sostenible.

Sólo una masiva fuerza, global y unida, puede alzarse contra Monsanto y la captura de nuestros gobiernos por las grandes corporaciones. 

Se está agotando el tiempo. Mientras hacemos frente a crisis alimentarias, medioambientales y climáticas más agudas, necesitamos un modelo de agricultura sostenible e innovadora. Y la mejor manera de lograrlo es a través de una diversidad de agricultores y científicos, quienes mejor saben cómo actuar en los diferentes ecosistemas, y no dejando que un monopolio solo impulsado por su propio beneficio, tome el control de nuestro futuro alimentario. 

Este Goliat corporativo está incrementando su poder alrededor del mundo. 










Una de las críticas hacia los transgénicos es que son propiedad de las multinacionales y que obligan a los agricultores a comprar las semillas. Esto obvía todo el desarrollo de transgénicos que se hace en base a modelos públicos, como en Brasil que ha desarrollado judías resistentes a virus gracias a la empresa pública EMBRAPA. O el arroz dorado, que se está haciendo libre de patente. También obvía el hecho que las semillas no transgénicas también se compran y también las venden multinacionales. Por ejemplo, una multinacional como Greenpeace vendía semillas de guisante, ecológicas. El contenido que se muestra en esta captura de pantalla desaparecía, después de que un artículo publicado en 2013, hiciera mención al mismo. Más. 















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