MEMORIAS DE UN PUEBLO : La serpiente "mamadora"


Hace tiempo me contaron la historia más fantástica que hayáis imaginado. Verán. Pasaba unos días de vacaciones en Villalba, pueblo del Condado de Huelva. Una noche después de cenar y como se acostumbra en las cálidas noches de verano, salimos a la puerta de la calle a tomar el fresco. Como cada noche ocurría, pronto se formó un corrillo de vecinos dispuesto a pasar en animada charla un rato, contando anécdotas y ocurrencias acaecidas durante la vida.


Manuela "la mosca"

Ya casi al final de una de esas Veladas e interrumpidas como casi siempre por las “buenas noches” de algún vecino que pasa y por el consabido “vaya vd. con Dios”, Manuela “la mosca”, una vecina, comenzó hablando de “fulanita":
- si mujer, esa que vivía en el Pinadero, hija de tal y cual".
- si mujer, a la que le mamaba la serpiente”, asintieron algunas como si fuese lo más natural del mundo, pero a mí me picó la curiosidad y pedí por favor, claro está, que Manuela me contara la historia…..

“Pocos años después de acabada la Guerra, la nuestra claro está, vivían en el Pinadero, un matrimonio que tenían dos hijas. La pequeña de meses, aun mamaba de las tetas de su madre. Pues bien, sucedió que la pequeña comenzó a perder peso de forma inexplicable. 


Vecinos de la C. Palomar en Villalba del Alcor, donde estas y otras historias hacían las delicias de grandes y chicos.


Una niña que se criaba sana como una manzana de la noche a la mañana, adelgazaba a ojos vistas y lo más curioso, eran las pupas que le salían en la boca y sobre todo lo oscura y fea que tenía la lengua. 

Alarmada ante los síntomas descritos, acudió a la consulta del Dr. Gullón, que por aquellos entonces, ejercía de médico del pueblo. Y, aunque los síntomas no le cuadraban mucho, les recetó unos sobres con cuyo contenido tenía que lavarle la Boquita y un jarabe para que se lo preparara Don Francisco el Boticario
Antigua Farmacia en Villalba del alcor.

En fin. Hasta aquí lo más normal del mundo, si no fuera porque ni los polvos, ni el jarabe, hicieron efecto. La preocupación de los padres iba en aumento porque pensaban que la niña se les iba sin remisión.

Una tarde, hablando con una vecina, le contó lo que le pasaba a su niña y cómo, aunque tenía mucha leche en sus pechos, a la niña parecía que no le sentara bien, pues la niña hay que decir que le vaciaba los pechos en cada toma. La vecina, una señora muy mayor, le reveló un secreto sobre una cosa que a ella le sucedió siendo jovencita; le explicó que a ella que criaba sus hijos en una casa de la Sierra, una serpiente se acostumbró a mamar de sus pechos y que a su niño le pasó tres cuartos de lo mismo…..”por Dios, por Dios, se santiguaba la pobre. Eso no me puede estar pasando a mí”…

También le dijo lo que tenía que hacer si quería que la serpiente no le mamara. Le explicó que debería de hacer un círculo de cenizas alrededor de la Cunita y que si quería saber dónde se escondía la bicha, debería de alfombrar el cuarto con serrín, para de este modo, poder seguir el rastro de la serpiente.



Aunque cuando se lo explicó al marido, este no le diera mucho crédito, al final y ante la inoperancia de los remedios empleados hasta la fecha, se decidió a poner en marcha el plan. Como supondréis no pegaban ojo en toda la noche. 

Mientras tanto, la pequeña no tenía ya fuerza ni para llorar. Languidecía día tras día y parecía que moriría si no ocurriese un milagro.

A la tercera noche de vigilia y cansados de no dormir, se quedaron dormidos mientras le daba el pecho a su hijita. Al cabo de un rato, la despertó una bofetada y, ella despertó a su marido pensando que había sido este soñando, pero el marido sobresaltado le dijo, que él no había sido.


Una vieja imagen de la Plaza del Pueblo.

Sobresaltados por un terrible pensamiento, encendieron la luz a tiempo de ver como una serpiente reptaba por la pared hasta meterse por un agujero que había en una esquina del techo…¡Era cierto….una bicha! De modo que la astuta y golosa serpiente bajaba por la pared hasta la cabecera de la cama para mamar de los pechos de aquella mujer, y para que la niña no llorase, le ponía en la boquita la cola a modo de chupete. Y es por eso, que tenía la boca llena de pupas. 



Corrieron y subieron al “soberao” y mataron a la bicha. Llegado a este punto, he de explicar que los labradores antaño, llevaban culebras pequeñas a los Graneros y lugares de almacenamiento de trigo y otros alimentos para que diesen cuenta de los ratones



En Burgos, en el capitel románico de la iglesia de Teza, se puede ver a un par de serpientes mamando de los pechos de una mujer. Este grabado tiene aproximadamente 900 años. Esta leyenda existe en muchos países de todos los continentes, además de España: México, Argentina, Perú, Alemania, Italia, Centroamérica, etc. La serpiente no está preparada para beber leche, debido al diseño de sus mandíbulas que les impide chupar. No son mamíferos, por lo que su cuerpo no está preparado para asimilar la leche. 


Es de suponer que alguien llevó hasta el “soberao” una de ellas, y que lo que no sabían estos labradores es que, aunque no está probado, la tradición explica historias del gusto que tienen las serpientes por la leche y narran con frecuencia hechos que prueban que se enganchan en las ubres de vacas y cabras para beber su leche.

He de contar que a partir de haber matado a la serpiente, la niña se recuperó rápidamente y que hoy en día, es una vecina del pueblo madre de tres hijos y abuela de algún que otro nieto. Y que por supuesto, de aquellos hechos no se volvió a hablar en el pueblo por aquello “del que dirán,”.

En fin. Yo espero como siempre, que esta historia os haya gustado, pues como casi siempre, la cuento como me la contaron.


En la Iglesia de Santa María La Real de Sangüesa, Navarra, se puede ver una serpiente mamando de un pecho de una mujer, y del otro, lo que parece ser una rana.



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