LA ZONA HISTÓRICA : La Huelva llana romana



Hablar de Roma en el territorio onubense es enfrentarse a uno de los períodos menos conocidos de su historia. El sentimiento que la "romanización" ha producido tradicionalmente no sólo entre los investigadores —arqueólogos, historiadores, filólogos, etc-, y la sociedad onubense, ha basculado entre el desconocimiento, la infravaloración, o el olvido respecto a otras facetas de la historia onubense, más florecientes en el sentir general de la población.



Este "aparente vacío de lo romano" en Huelva ha sido fácilmente constatable en el caso de la capital, donde "la inexistencia de registros romanos" en las estratigrafías ha provocado la idea de la escasa relevancia de la ciudad de Onuba, llevada hasta el extremo de afirmarse su escasa representatividad en el esquema de ocupación romana en el suroeste peninsular (Luzón Nogué, 1975; Amo y de la Hera, 1976). 

Pero el panorama no ha sido mucho más afortunado en el resto del solar provincial. En este sentido, resulta inconcebible que el marco onubense, tan significativo desde el punto de vista histórico para ciertos momentos (Megalitismo, el contacto colonial Fenicio, la época Tartésica, etc), apareciera como un inmenso baldío en el esquema de poblamiento romano del suroeste peninsular, con la peculiaridad añadida de ser la conexión natural entre la Baetica y la Lusitania.



A poco que reparemos someramente en la ingente bibliografía que ha generado la romanización de Hispania en general y de la Baetica en particular, destaca rápidamente la casi total ausencia de alusiones al territorio onubense dentro de la órbita romana —mencionar no obstante como primeras referencias la obra general de Luzón Nogué, 1975, o de González y Pérez, 1987- más allá de la cuestión minerometalúrgica centrada en el área de Riotinto, que, por otro lado, sí ha sido foco de interés constante desde mediados del siglo XIX, y que ha generado una copiosa bibiografla ampliamente difundida'. 

Fuera de este campo, indudablemente importante pero no el único, las referencias al territorio onubense han sido siempre parciales y carentes de un deseo de valoración de "lo romano" en toda su significación. 

En este sentido, creemos que la cercanía del foco neurálgico de la Baetica - Hispalis, Italica, o Gades — bien ha podido ensombrecer y acaparar el interés de investigadores y del público en general, rendido ante evidencias bien manifiestas y espectaculares — restos arquitectónicos, escultóricos, epigráficos, numismáticos, etc-, ciertamente más escasas hasta esos momentos en el contexto onubense.

Respecto a la reconstrucción del proceso histórico ocurrido durante el amplio horizonte cultural romano en el contexto onubense hemos de remontamos a fines del siglo III comienzos del siglo II a.C. para encontrar las primeras evidencias de la presencia de elementos itálicos en yacimientos relacionados con la explotación minerometalúrgica, caso de Riotinto o con su comercialización, caso de Onuba.



Uno de los pocos restos funerarios Medievales de la zona del Condado onubense, pertenece a una Necrópolis de época Visigoda (S.V-VIII), localizada en La Palma del Condado, en un margen del río Corumbel, a su paso por esta localidad. 



El deterioro y la falta de conservación, se reflejan en el aspecto que la Necrópolis presenta, a tenor de las imágenes. 

En el primer caso la estratigrafía de Corta del Lago muestra una reactivación durante la época bárcida, según se desprende de la introducción de nuevos sistemas de explotación conectados con técnicas orientales -egipcias y griegas- aportadas vía cartaginesa, y de las referencias a esa explotación de ciertas fuentes latinas como Diodoro de Sicilia, sobre la que se superpondrán los primeros materiales romanos - fragmentos de campanienses, y ollas de cocina- que aportan una cronología de la primera mitad del siglo II a.C. (Pérez Macias, 1998). 


Ya durante el período republicano esta mina de Riotinto se constituirá, junto con la de Aljustrel, en uno de los escasos ejemplos de explotación en la región Suroeste hispana (Domergue, 1990), debido principalmente a la gran inestabilidad militar y política que vivirá toda la zona especialmente a causa de los últimos resquicios de la resistencia lusitana (109-99 a.C.) y posteriormente a los avatares de la guerra sertoriana (80-72 a.C.).

Por su parte Onuba muestra los primeros elementos romanos en las zonas altas de los cabezos a partir de fragmentos de campanienses en las estratigrafías de la ladera occidental del Cabezo de San Pedro fechadas desde fines del siglo XI -comienzos del XI a.C. (Blázquez, Luzón. Gómez y Klauss, 1970), y la presencia de ánforas grecoitálicas junto a cerámicas campanienses en otros sectores del mismo cabezo que parecen fecharse entre el siglo II y I a.C. (Belén, Fernández, Miranda y Garrido, 1977; Amo y Belén, 1981).

De este modo, en la Tierra Llana de Huelva van documentándose evidencias que pueden estar indicando el interés romano por controlar aquellos lugares que anteriormente habían sido feudo de la dominación púnica, especialmente durante el período bárcida. 

Así, a partir del siglo I a.C. se fechan las emisiones monetales con caracteres púnicos pertenecientes al núcleo de Ituci (Tejada la Nueva, Paterna/Escacena del Campo), y las de carácter latino de Ilipla (Niebla), y Onuba (Huelva), que también contaron con una destacada ocupación púnica (Pérez, Campos y Gómez, 2000) -éste es también el momento en que acuña sus tipos la ceca de Ostur (Mesa del Castillo, Villalba del Alcor/Manzanilla), pero por el momento no disponemos de elementos de juicio para afirmar la misma influencia púnica que se observa en los núcleos mencionados)-. 

Estas dos circunstancias nos están mostrando que durante los primeros momentos la atención preferente de la conquista/ocupación romana se centró en aquellos centros de tradición púnica con objeto de eliminar el alto riesgo que suponían para sus intereses en la Península y paralelamente comenzar a partir de ahí la aculturación del elemento indígena, combinando tanto la represión militar como el respeto a las tradiciones, caso de las amonedaciones con caracteres bilingües —púnico/ latinas- en el enclave de Ituci.

Será esta tarea de vigilancia constante la responsable de que en la Tierra Llana la fisonomía de los núcleos hegemónicos permanezca casi intacta hasta los comienzos del Imperio.

Del mismo modo, las fuentes textuales nos transmiten noticias de enfrentamientos entre romanos e indígenas a lo largo de esta centuria que tradicionalmente han sido ubicados en otras zonas de la Provincia Ulterior. Un análisis más detenido nos ha llevado a considerar la posibilidad de que hubieran sido dos enclaves de la Tierra Llana onubense el escenario de estos enfrentamientos:

Niebla, en el caso de los enfrentamientos del año 194 a.C. entre el pretor Publio Cornelio Escipión Nasica y las hordas lusitanas, que después de saquear la Ulterior volvían cargadas de un gran botín hacia la Lusitania, episodio que Livio sitúa en las cercanías de la ciudad de Iltpa (Schulten, 1935), y cuya referencia Ilipa- podría estar escondiendo realmente la denominación de Ilipla (Niebla), que es la que se documenta en las acuñaciones monetales procedentes de esta ciudad, y que ha propiciado cierta confusión con respecto a la denominación de este núcleo y su diferenciación de otros que portaron nombre parecido en la Antigüedad.

Y Tejada la Nueva, en el caso de los enfrentamientos entre Viriato y Fabio Maximo Serviliano, que Apiano sitúa entre los años 141-140 a.C. en una ciudad de nombre Ituka, identificada tradicionalmente con la Tucci situada en la zona de MartosJaén- (Schulten,1937). 

Al respecto creemos que este escenario se aleja en exceso del centro de operaciones del lusitano, y que a partir del relato de Apiano habría que distinguir dos núcleos bien diferentes que han sido identificados como un único lugar: Ituka/ltuca por un lado y Gemella por otro, de modo que la primera parece corresponder incluso por el parecido fonético con la Ituci de la Tierra Llana onubense, mientras que la segunda, Gemella, bien podría situarse en la Colonia Augusta Gemella Tucci (Martos, Jaén).


Puente romano a su paso por Niebla, Huelva, España 

Paralelamente, en la Sierra occidental asistimos al despliegue de un intenso programa tanto militar como de captación política encaminado fundamentalmente a la atracción de las poblaciones de raíz céltica que ocupan una amplia franja territorial, que a partir de algunas fuentes textuales la historiografía ha bautizado como Baeturía Celtica (García Iglesias, 1971). 






En esta zona, a diferencia de la Tierra Llana, marcada por el horizonte tartésico/ turdetano al que se suma el influjo púnico de profunda vocación urbana y de jerarquización del territorio, se documenta una forma de organización del substrato indígena según patrones heredados de la Segunda Edad del Hierro, donde lo característico será la existencia de pequeños poblados fortificados, cuya cultura material difiere notablemente de la que se aprecia en los poblados turdetanos. 

Entre éstos destacan los de Castillo de la Pasada del Abad, Solana del Torrejón, Pico de la Muela, Castillo de las Peñas y Castillo de Maribarba, de los cuales, los dos últimos perdurarán hasta época republicana












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