LA ZONA DEL MISTERIO : El lenguaje del Templo


Los restos del Templo Mayor de Tenochtitlan, la que fuera capital del Imperio mexica, siguen deparando sorpresas a los arqueólogos e historiadores de ese país, que llevan décadas trabajando sobre los vestigios de la antigua ciudad-estado. 



Se trata de un hallazgo que se produjo a finales de 2011 que no se ha hecho público hasta mediados de 2012, cuando los expertos han incidido en la relevancia del mismo. 

Se trata de 23 grandes losas de piedra, con diferentes grabados, ubicadas frente al Templo. 

Dichas lápidas, tomadas en conjunto, forman un relato en clave relacionado con varios mitos mexicas y con la propia configuración de la antigua ciudad-estado. 

Por otra parte, al norte de México, unas asombrosas pinturas rupestres muestran el afán de los primeros mexicanos por comunicarse con los espíritus mediante el uso del peyote, planta sagrada por excelencia.



El descubrimiento consiste en más de una veintena de losas –se habla de 23, pero podrían ser más–, que muestran en su dorso diversos ideogramas; esto es, su superficie fue grabada con determinadas representaciones, al objeto de reflejar un mensaje concreto. 

«Estos vestigios prehispánicos son de un enorme valor arqueológico, porque es la primera vez que encontramos esta clase de objetos en el interior del que fuera recinto sagrado de Tenochtitlan», explicó Raúl Barrera, director de las excavaciones y arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH-Conaculta).



Las placas, que fueron descubiertas en una franja de pavimento situada frente al Templo Mayor, presentan imágenes de serpientes, ornamentos, guerreros y cautivos, entre otras. 

Sin embargo, lo que las hace verdaderamente interesantes es que no se trata de ideogramas aislados, sino que «están dispuestas expresamente a manera de documento iconográfico, de modo que crean un discurso que narra ciertos mitos de la civilización mexica», apunta Raúl Barrera.

Huitzilopochtli

CORRESPONDENCIA INSÓLITA

El responsable de las excavaciones se refiere más concretamente a relatos como el del nacimiento del dios mexica Huitzilopochtli y al de la Guerra Sagrada –o yaoyotl, en lengua náhuatl–, también de esa cultura. 





«Los documentos Historia general de las cosas de la Nueva España, de Bernardino de Sahagún; Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, escrito por Diego Durán, y los códices Boturini y Chimalpopoca, que aluden a estos mitos, nos sugirieron que las imágenes talladas en estas 23 lajas están relacionadas con dichas narraciones míticas», confirma Barrera. Además y no menos importante, estas grandes baldosas, de tezontle –roca volcánica– rojo y gris, esconderían una especie de mapa de la ciudad-estado.

De hecho, como recuerda este arqueólogo, todos los sitios que se citan en el mito de Huitzilopochtli están representados en el recinto sagrado de Tenochtitlan. 



Así, el cerro Coatepec sería el propio Templo Mayor; Apetlac, una gran losa decorada con serpientes donde eran recibidos los sacrificados, lugar situado en la plataforma frontal del citado templo, también en el interior de esta zona arqueológica; 

Tzompantlitlan se identifica con un altar de un solo cuerpo, donde se colocaban los cráneos de los sacrificados –localizado en su día por el célebre arqueólogo Leopoldo Batres y sito en la actual calle de Guatemala–; en tanto que Coaxalpan –también citado en dicho mito–, lugar por donde sólo podían caminar los sacerdotes, se correspondería con el área pavimentada en la que precisamente estaban ubicadas las 23 lápidas recién descubiertas.



Más:
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