LA ZONA DE PADRES: La farsa de la falsa educación



Se entiende por educación tradicional a todo lo que de algún modo tenía vigencia pedagógica hasta fines del siglo pasado.

Y por educación moderna toda la renovación, a través de diferentes escuelas, tendencias y orientaciones, que comienzan a tener aplicación y vigencia a partir de este siglo.



Cada una de estas concepciones educativas tiene una mirada diferente sobre el hombre que indudablemente va a repercutir en variables como estilo de educación, actividad escolar, metodología, fines educativos, contenidos didácticos, criterios del aprender, fines que persigue, etc.

Es habitual afirmar que el concepto de hombre que tenga una sociedad o una época influirá en la educación que este reciba. En lo que hemos llamado educación tradicional se define al hombre con la aristotélica: animal racional.

Y esta mirada del hombre como principalmente racional tendrá una indiscutible influencia en la educación.

Por racional se entiende a todo lo que tenga relación con la inteligencia, mente, intelecto, capacidad de entender o pensar. El hombre es hombre por su capacidad racional y esta capacidad es lo que lo diferencia con las otras especies vivientes.


Este ser dual, dividido en mente y cuerpo, no tiene en cuenta las circunstancias, situación o momento histórico. Es una mente dentro de un cuerpo humano.

El estilo de educación que se deriva de esta concepción es esencialmente una educación que se dedica a cultivar, desarrollar y alimentar la inteligencia; y lo que alimenta mejor a la inteligencia son las ideas, y de tanto llenarla con ideas se la termina concibiendo solamente como memoria.

Claro que esto tiene una explicación externa a la educación misma y viene dada por la sociedad que exige a la escuela que sea la trasmisora de su patrimonio cultural o sea el conjunto de contenidos que estima valioso, reducidos previamente a ideas o conocimientos depositados en libros.

Estos libros pasan a la cabeza del maestro y de allí a la del alumno, a su memoria, que tiene la capacidad de retener y conservar.


Así la mente es concebida como la variante del libro, y la obligación del educante es llenarla de datos, ideas, conocimientos.
En esta concepción educativa el profesor viene a ser una réplica hablante del libro y quien se sabe de memoria todas esas verdades fundamentales que constituyen el patrimonio cultural. Claro que esta cultura es estática, fija, y se mantiene vigente por mucho tiempo.

Las verdades que el libro contiene son mucho mas importantes que las que el alumno puede descubrir, porque lo que debía ser descubierto ya fue hecho y de modo definitivo.

Ante esto lo que le corresponde al alumno es inclinarse y recibir todo aquello que otros mas inteligente que él han descubierto para siempre, su obligación es aprenderlo y repetirlo correctamente. Subyace una concepción del saber absoluto e inmanente.

La clave de esta actividad escolar no es lo que haga el alumno para aprender sino la habilidad que tenga el profesor para enseñar, para hacer penetrar en las mentes las verdades que es necesario aprender.

Y quien determina que es lo necesario es la sociedad pero presentado de tal modo que aparece con legalidad propia y autónoma desde los mismos conocimientos que deben saberse, precisamente, porque son verdaderos. Se confunde conocimiento científico con la realidad externa, cuando la realidad no es así, la misma ciencia ha demostrado que modelos que se creían absolutos no lo fueron tanto.


El eje está en el educador y en lo que este hace, ya que es quien habla y señala lo que hay que hacer porque es él el único que lo sabe. Es preciso entonces desarrollar las habilidades del profesor para que la educación funcione. El problema no está en la materia, ya que esta se encuentra desarrollada en los libros, lo que hace falta es una persona que cuente con los
métodos adecuados para que los conocimientos escritos pasen a la cabeza del educando.

La didáctica inserta en esta realidad educativa utilizará como métodos didácticos al analítico, sintético, inductivo, deductivo, que son los métodos propios del pensar y no del enseñar. Estos métodos son los que usamos permanentemente en nuestra vida diaria, son funciones que el hombre lleva a cabo espontáneamente, de lo que se concluye que de didácticos no tienen nada.

El proceso de conocimiento se confunde con el conocimiento en sí, como si este fuese acabado y terminado, sin considerar métodos procedimentales.


Estos métodos lógicos tienen sentido en un hombre pensado fundamentalmente como Logos, como una simple entidad pensante.

En esta concepción tradicional y estática el fin educativo sólo es conocido por el educador, el alumno no tiene idea cual es la finalidad de lo que aprende, ni el para que ni el porque son conocidos por él, esto marca la escisión entre fin y medios. El fin es externo a la actividad educativa.

El educando solo conoce los contenidos de la lección del día, que es repetida por el profesor y que él debe a su vez aprender a repetir. La duración de la lección esta determinada por una variable temporal de cuarenta y cinco minutos basada en el criterio de resistencia de la memoria en la captación de datos.

El material o contenidos de la lección es presentado en materias aisladas divididas lógicamente que representan cada una a sectores de la realidad y producen en quien aprende separaciones mentales entre las materias haciendo imposible una relación entre ellas.

Esta división no permite tener una comprensión macro de la realidad, ni comprender que en realidad todo forma parte de una única realidad múltiple.


El conocimiento se suministra en fragmentos o partes diferentes y diferenciadas que se guardan en la memoria en compartimentos separados por rótulos, como "física", "matemáticas", "historia" o geografía". Esta división del trabajo escolar en asignaturas tiene su correlato social en el modelo de división del trabajo o "Fordismo".

A todo esto le importa poco lo que el alumno puede entregar al proceso, o lo que conoce, o lo que le interesa aprender. Él es sólo una máquina que efectúa correctamente la operación que se le asigna. Mientras sepa repetir en el aula la fórmula de, por ejemplo física, o la cantidad de vacas que nacen en un año en la región pampeana, poco importa que no sepa la conexión que pueden tener estos datos para su vida, para la realidad en la que se mueve cotidianamente.

El alumno vive en dos esferas que no se mezclan: la escuela y la vida, cada una con un eje diferente, en donde sabe cosas que son útiles en el aula pero que no le sirven afuera de ella.

Recibe elementos aislados que no puede relacionar, no participa en el sentido profundo de lo que aprende, y no sabe que hacer con esos conocimientos cuando sale a vivir.


Pero en ella le sirve para "pasar" un examen. Examen que en definitiva solo termina comprobando la capacidad de memoria que tiene un alumno. No es ninguna garantía que lo que se repite halla sido entendido, ni mucho menos recordado mas allá de la instancia de la evaluación.

Esta escuela que enseña las respuestas correctas no hace lo propio con el sentido y el criterio que hacen a una respuesta justa. Por lo tanto la persona mejor adaptada a ella no es necesariamente quien mejor se adapte a la realidad fuera de la escuela.

El mejor producto de la educación tradicional es una persona a la que por muchos años se ha tratado como un ser individual y no como un miembro del grupo al que no se le dio la oportunidad de apreciar su energía, su fuerza modeladora, y muchos menos lo capacitó para actuar eficientemente en un grupo.

Ahora veamos estas mismas características pero miradas desde una concepción moderna de la educación.

A partir de los avances producidos, principalmente, en las investigaciones psicológicas el hombre deja el status de animal racional para ampliar su concepto y considerar en él al medio que lo rodea (circunscribe y condiciona.

Una definición que resume el pensamiento de filósofos, psicólogos y educadores es: organismo inteligente que actúa en un medio social.

En una concepción moderna es impensable un Robinson Crusoe, como lo es un hombre que pueda vivir, desarrollarse, sin un medio social.

El hombre es en función de variables culturales, políticas, económicas, religiosas, sociales que interactúan e influyen en el desarrollo de su personalidad.


Esta concepción contemporánea de hombre lógicamente influye en la educación. Un ser humano pensado no ya como un ente cuya principal característica es la racionalidad, sino como un organismo inteligente interactuando en su medio social tendrá otro tipo de necesidades educativas.

El medio favorece u obstaculiza las tendencias activas del sujeto. Si las favorece le permite actuar, crecer y es la oportunidad para que la inteligencia, en función de la situación, planee esquemas de acción que aprovechen los beneficios al máximo y recoja los resultados del intento. Si por el contrario el medio le crea dificultades, el sujeto funcionaliza su inteligencia para tratar de superarlas.

La inteligencia presenta alternativas para controlar y resolver la situación problemática. Estas alternativas son ideas que intentan restablecer el equilibrio alterado en la relación sujeto- medio.

Al resolver el problema actuando, habrá tenido experiencia y es dentro de la experiencia, dentro del conjunto de errores y aciertos, donde se produce el aprendizaje.

Aprender será ahora resolver activamente problemas vitales y no simple acumulación de datos descontextualizados. La experiencia como ciclo total de la actividad deja una conducta, un saber, una guía para la acción, una pauta de conducta para futuras acciones.

Las experiencias que una persona vive le dejan saldos, y este saldo ayuda le ayuda a crecer, a enriquecerse
anímica y espiritualmente. Este crecer es educación, por eso la experiencia coincide con educación.

En este considerar a la educación como experiencia el eje del proceso educativo no estará mas en el profesor sino en el propio alumno, que es quien debe desarrollar habilidades que le faciliten aprender, investigar, comunicarse, expresarse, experimentar, actuar en grupos, etc.

Indudablemente el profesor deberá desarrollar a su vez un cierto tipo de habilidades que le permitan acompañar, guiar a sus alumnos en el aprendizaje.


El profesor deja de ser el centro para convertirse en mediador entre el alumno y el conocimiento.

Los métodos didácticos que usa este profesor- mediador están asentados sobre una nueva lógica que coincide con la del método científico; lógica que permite al alumno el resolver los problemas que se les presentan, identificándose así el pensar con el método científico.

Pensar es "pensar para", es pensar dentro de una situación conflictiva que necesita resolución. La obtención de solución es el aprendizaje.
Esta educación moderna está inmersa en una realidad social en permanente cambio, los avances científicos son tan vertiginosos que sería imposible estar al tanto de todos.

En una cultura que cambia la acumulación de datos no tiene sentido porque estos quedan obsoletos muy rápidamente. La educación estática tenía verdades halladas, sagradas, eternas. Hoy la verdad hay que descubrirla, y se la descubre investigando, siendo protagonistas activos de la educación.

En una educación de esta característica son mucho más importantes las habilidades que un chico desarrolle para encontrar los datos que necesita en función de una necesidad específica que su capacidad para acumular datos desconectados en la memoria.

Además lo importante del hoy es seguir aprendiendo y reactualizar permanentemente lo aprendido.

En esta concepción educativa los fines son internos, inmanente a la actividad escolar. El alumno para aprender debe primero comprender el "para que" hace algo. Es imposible despertar el interés, llamar la atención del alumno si este no conoce el objetivo de lo que está aprendiendo.


Los contenidos didácticos también serán diferentes. Ya no se tiende a la división sino a la reunión de los contenidos en áreas o unidades de trabajo. El material es instrumento para el desarrollo, coincide con el momento evolutivo del educando, con sus intereses; está pensado como la posibilidad de una actividad para el desarrollo de la experiencia.

Un examen coherente con esta concepción buscará determinar si las experiencias tenidas han quedado como aptitud, como capacidad de resolver problemas nuevos. Aunque si se pueden medir conocimientos, lo mas importante es determinar la comprensión de los principios o procesos básicos.

Si nos metemos a observar una clase tradicional (de las que todavía abundan) se observa que el profesor es quien habla y el alumnado está en silencio escuchando.

Por el contrario en un aula donde son los alumnos quienes en grupo o individualmente están investigando un tema será el profesor quien esté callado.
Aquí todos tienen posibilidad de participar, aportar para el crecimiento del grupo, oportunidad de ensayar y equivocarse. Lo mas importante es la chance que tiene la persona de probarse en sus capacidades para resolver problemas.


Por supuesto que es mucho mas fácil dar clases de la manera tradicional, ya que la moderna exige creatividad y desafíos constantes para crear un clima que le de oportunidades a todos de participar y crecer.

El profesor que conscientemente adhiera a una concepción moderna de la educación deberá plantearse interrogantes como ¿qué deben lograr los alumnos?

¿Qué tipos de capacidades deben tener? ¿Cómo lograr que adquieran capacidad crítica, espíritu de colaboración, inventiva, capacidad para tomar decisiones, para enfrentar situaciones inéditas?


La Didáctica

Juan Amos Comenio en su obra "Didáctica Magna" (1657) la distingue como la disciplina que se constituye en el ámbito de organización de las reglas de método para hacer que la enseñanza sea eficaz.
Vera María Candú la define como una reflexión sistemática y la búsqueda de alternativas a los problemas de la práctica pedagógica.

Ángel Díaz Barriga sostiene que la didáctica es una disciplina con una triple dimensión: teórica- histórica- política. Es teórica porque responde a concepciones amplias de la educación, de la sociedad, del sujeto, etc. Es histórica en cuanto que sus propuestas son resultado de momentos históricos específicos, pudiéndose establecer un correlato entre sus modelos y el conjunto de condiciones sociales que los circunscribe. Y es política porque su propuesta no es aislada sino que se corresponde a un modelo político- social.


Profesor con cara de libro

Finalmente podemos citar a la profesora Alicia W. de Comilloni quien dice de la didáctica que no sólo especifica el cómo los alumnos aprenden o los docentes enseñan, sino que la didáctica enseña como se debe enseñar; no se limita ya a describir y a explicar, sino que también normaliza el cómo se debe enseñar.

La didáctica es una ciencia cuyo objetivo fundamental es ocuparse de las estrategias de enseñanza, de aquellas cuestiones prácticas relativas a la metodología y las estrategias de aprendizaje.

Su carácter científico se apoya en posturas filosóficas como el funcionalismo, el positivismo, así como en el formalismo y el idealismo.
Sintetizando podríamos decir de ella que funciona como un eslabón transformador de la teoría a la práctica.




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LA EDUCACIÓN PÚRPURA


¿ Qué pasaría si un día al llegar a casa, nuestros hijos nos dijeran lo que realmente piensan de la educación que reciben en la escuela ?. 

Si las opiniones que nos diesen, no nos convencen, razonaríamos. 

Pero ¿hasta que punto lo haríamos, si las razones que nos dan son tan convincentes que nos arrastrarían a replantearnos cosas como la igualdad, la opresión, la falta de libertad etc?







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