La zona Histórica: Nicomedes Fernández


La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica dio a conocer la aparición de los restos de Nicomedes Fernández, un minero de Nerva, Huelva, asesinado en febrero de 1938 durante la Guerra Civil. Según la Asociación, la búsqueda de los restos comenzó el día 23.11.11 por la mañana y a primera hora de la tarde aparecieron los restos del minero.



Un equipo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se desplazó desde el Bierzo leonés hasta El Álamo tras la petición llevada a cabo por Santiago, un sobrino de Nicomedes que le prometió a su madre en el lecho de muerte que buscaría los restos del hermano asesinado para enterrarlos junto con los del resto de la familia.

El testimonio de otra hermana de Nicomedes, que emigró a Bélgica en busca de trabajo, fue determinante para encontrar el lugar exacto en el que los franquistas habían tirado el cuerpo sin vida de este minero. "Nos contó que recordaba el lugar exacto de la fosa porque de pequeña llevaba flores a la tumba", aseguró Santiago.

Sus familiares cuentan que Nicomedes trabajó para la Rio Tinto Minera Company hasta el 18 de octubre de 1934. Cuando las tropas de Franco tomaron Huelva, pasó un tiempo escondido en la sierra local. 

Sin embargo, el temor a que los golpistas tomaran represalias contra sus hermanas y su madre hizo que volviera al domicilio familiar. Poco después, se entregó en el cuartel de Nerva.

Su sobrino sostiene que una de sus hermanas pudo decirle que, al no haber matado a nadie, no tendría por qué pasarle nada. Sin embargo, a la mañana siguiente, ya le habían matado. 

Otro hermano de Nicomedes que también era minero, Benito, murió en 1936, desangrado en un tiroteo.

Desde la ARMH aseguran que en esa misma fosa podrían encontrase también los restos de otra persona de identidad desconocida. 

Los trabajos fueron dirigidos por el arqueólogo René Pacheco que ha exhumado numerosas fosas de la represión franquista. Se trata de la primera fosa que se exhuma tras las elecciones generales de 2011.


Trabajos de exhumación en El Álamo

LA HISTORIA FINAL

Nicomedes Fernández Rubiano y José María Martín García eran mineros y sindicalistas en la explotación de Río Tinto. Fueron ejecutados sin más por la unidad militar especial Harca de las tropas franquistas el 10 de febrero de 1938 en una cuneta de la carretera onubense de El Álamo. Creyeron en la promesa de los golpistas de que sin delitos de sangre nada les iba a pasar. Sus restos recibirán sepultura en el cementerio sevillano de Osuna. Santiago Fernández, sobrino de Nicomedes, relataba a ELPLURAL.COM que su tío “se entregó para evitar que maltrataran a su madre y a sus hermanas. Le asesinaron”.

En la aldea donde les mataron, El Álamo no vive más allá de un centenar de personas. Pertenece a la cuenca minera de Huelva pero se encuentra en la provincia de Sevilla. Allí, en la carretera que va a Villargordo, los mataron a los dos. Los dejaron en la cuneta. “Mi tío Francisco, cavó la fosa y allí metió los cuerpos perfectamente alineados”.

Piensa Santiago Fernández que seguramente sería un día de agua porque “lo envolvió en un capote de trabajo de los que están en campo, un capote de ganadero, de hule. La fosa estaba localizada porque la hermanita de Nicomedes, había estado allí con poco más o menos seis años y contaba que cuando no les veían le dejaban flores y un rosario y recordaba la zona.

Nicomedes era dirigente socialista local de CNT. Trabajaba en la minas de Río Tinto y era sindicalista. “Tengo una documentación de la RioTinto Minera Company, una nota escrita en inglés que refiere que participó en un encuentro a tiros con la guardia de la mina y durante la huelga del 4 de octubre de 1934. A raíz de estos sucesos, tanto él como su hermano Benito fueron desterrados de Nerva”, explica Santiago.

Se marchó toda familia. La mujer de Benito en estado de su tercer hijo. Han sabido que también José María Martín, el buen amigo y compañero sindical de Nicomedes había sido despedido. “Les readmiten gracias al decreto de amnistía y a mi tío Benito y a José María les indemnizan. El 10 de julio de 1936 se reincorporó Nicomedes, pero apenas una semana, porque su último día de trabajo fue el 17 julio de 1936. Huye, aunque Nerva no es tomada por las tropas golpistas hasta el 16 de agosto de 1936.

Marchó al monte en dos ocasiones y en ambas buscó refugio en el domicilio de la familia. En 1937, el general Queipo de Llano proclama un bando especial para la zona de guerra. Simplemente haciéndolo público en las plazas de cada localidad se implementaba el “estado de guerra” con consecuencias terribles, cualquier rumor, cualquier denuncia… llevaban a la muerte, muchas veces de la mano de vecinos y conocidos.

“Te van a asesinar en cualquier momento, vuelve a casa”, le decían la madre y las hermanas a Nicomedes. Pero lo que de verdad le hace tomar la decisión es que al hilo del bando de guerra, las presiones sobre la familia eran terribles. “Mi tío tenía miedo de que maltratasen a su familia, a las hermanas solteras, que las pudieran hacer cualquier cosa buscando su paradero.”

“Su hermano Benito ya había sido asesinado cuando él se entregó, dejando a dos hijos y un tercero por nacer.” Como tantos otros, Nicomedes creyó la promesa de que quien no tuviera las manos manchadas de sangre no tenía nada que temer. Acudió al cuartel de Nerva el 9 de febrero de 1938. Le acompañó su hermana Plácida, la mayor. Y no se sabe si fue también con José María Martín porque unas horas después yacían los dos en la cuneta.

Santiago emprendió la búsqueda de su tío en cuanto se jubiló de su trabajo de empleado de banca en Osuna (Sevilla). Más.

¿Quiénes fueron los ejecutores materiales? Cree Santiago Fernández que probablemente fuera una unidad especial procedente del ejército español en Marruecos denominada la Harca, de la que en la zona se contaban dos, la comandada por el capitán de la guardia civil José Robles Alés y la que dirigía otro mando apellidado Montijano. Estas tropas estaban especializadas en luchar contra actividades de la guerrilla.

Durante 77 años, Nicomedes Fernández permaneció en el recuerdo de sus seres queridos y en la tierra que le acogió junto a la carretera. Pero a Hipólita que tenía 18 años cuando pasó todo le dolía en el alma la injusticia del abandono en que se encontraban los restos de su hermano y le hizo prometer a su hijo, Santiago, que rescataría el cuerpo.

Exhumación de Nicomedes Fernández Rubiano. Más.

Mucha gente ha intervenido en conseguir la exhumación de los dos mineros, dos historiadores, el Ayuntamiento de Osuna; la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica; el grupo de trabajo de la CGT ‘Recuperando la Memoria Social de Andalucía´ y la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía.

“En noviembre de 2011 un equipo de arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria (ARMH) se desplazó desde El Bierzo (León) a la localidad sevillana de Él Álamo tras la petición de Santiago Fernández. Buscaron durante tres días hasta localizar la fosa.”, relata la ARMH. Cecilio Gordillo del grupo de CGT, relata que la operación fue ejemplar en cuanto a coordinación y buena voluntad: “intervino la guardia civil, se exhumó y el juez del distrito de Sanlúcar la Mayor autorizó que se realizará en Ponferrada la analítica”.

Entierro en Osuna de los dos mineros onubenses asesinados por la represión franquista.

La familia de José María

Y aquí viene la historia de José María Martin. Santiago Fernández dice que fue todo rocambolesco: “Este hombre era natural de Villalba de Alcor, provincia de Huelva. Un funcionario del pueblo descubrió que un hermano pequeño de José María se había casado en la Puebla de Cazalla. Mi hermana es peluquera en Dos Hermanas y le comentó la búsqueda a una clienta de Puebla de Cazalla. Gracias a ella localizamos a una sobrina llamada Encarni Martin. Ella estuvo aquí ayer. Su padre ya ha muerto y comentaba que si viviera estaría hoy loco de alegría. Pero no tiene siquiera una foto de su tío.

Humanizar a las víctimas

Por la tarde, en el cementerio sevillano de Osuna, Nicomedes y José María volvieron con los suyos que les dieron sepultura. Se cierra así para ellos una historia de 77 años que empezó con un golpe de Estado. Paralelamente a la inhumación, se celebraron unas jornadas memorialistas. A Santiago Fernández le quedan dos tareas pendientes: localizar a su tío Benito, el hermano de Nicomedes. Y conseguir una fotografía de José María Martín “porque tenemos que darle humanidad a las víctimas”.





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