LA ZONA NEGRA: Florencio López Osuna o el silencio de Tlatelolco



Florencio López Osuna, como muchos otros estudiantes de la UNAM y el POLITÉCNICO fueron golpeados, amenazados y asesinados por el gobierno mexicano el 2 de octubre de 1968. 

Florencio López Osuna, líder del movimiemto. Sobrevivió y fue hecho prisionero: Delatado por los "guantes blancos", torturado con saña, sobrevivió a la masacre y falleció hace pocos años en extrañas circunstancias.



Esta foto fue encontrada hace unos años junto con mil 600 rollos de negativos dentro de cajas de cartón en la azotea del Ayuntamiento. 

Cuando fue publicada esta fotografía en la revista Proceso, pronto López Osuna recibió llamadas; él se había convertido en un ícono del '68, él podía hablar, decir y desmentir todo, pues él recibió el mismo trato que sus compañeros estudiantes, solo que él había quedado vivo. Sin embargo, al poco tiempo se cree fue asesinado. 

Archivo de El Universal.

Florencio López Osuna -el único líder estudiantil que pudo hablar en Tlatelolco el dos de octubre antes que comenzara la matanza- se había convertido (con la aparición de las fotografías) en un importantísimo testigo. 


Pero, más que nada, Florencio era el nuevo símbolo de la lucha contra el olvido y la impunidad. La pregunta es: ¿se murió o lo mataron?. Su esposa responde:

-"¿Cree que (fue) muerte natural?".

-"No", me dijo.

-"¿Usted cree que lo mataron?"

-"Sí", contestó sin titubear.

-"¿Quién?"

-"Pues no sé".

Lo que sí sabe Alma Rosa Hernandez viuda de López Osuna es que Florencio recibió una amenaza telefónica en su oficina del Politécnico poco después de que se publicaran las primeras fotografías.

-"¿Más o menos recuerda lo que Florencio le contó de esa llamada?".

-"Un tipo le habló, pero no le dijo quién", recuerda.

-"¿Y qué dijo (ese tipo) en la llamada?".

-"Estoy cerca de tí en la foto".

Florencio López Osuna

En las fotografías que aparece Florencio ese dos de octubre del 68 hay un hombre con un guante blanco a sus espaldas. Ese guante blanco identificaba a los miembros del Batallón Olimpia que, en parte, realizaron la masacre.


Desde luego es imposible saber si es ese hombre o alguien más quien realizó la amenaza telefónica. Pero lo que sí queda claro es que la investigación de la muerte de Florencio deja mucho que desear.

Primero, la policía y la procuraduría de justicia de la ciudad de México nunca investigaron esa amenaza telefónica contra la vida de Florencio antes de cerrar apresuradamente la investigación. ¿Cómo lo sabemos? Bueno, porque esta es la primera vez que Alma lo dice públicamente.







Segundo, según Alma, la tarjeta de crédito de su esposo se usó en varias ocasiones después de la muerte de Florencio utilizando su número secreto de identificación personal (o NIP). Es decir, antes de morir, alguien tuvo que forzarlo a darle dicha información. 

Por esto resulta sospechosa la conclusión de que Florencio murió de un paro cardíaco. Además, en las cámaras de video de los cajeros automáticos donde se retiró el dinero de la cuenta de Florencio debe aparecer él o los posibles sospechosos de su muerte.







Tercero, antes de su muerte, Florencio nunca tuvo problemas serios de salud ni del corazón e incluso -recuerda su esposa- se daba el lujo de vez en cuando de correr hasta tres kilómetros en la altura de la ciudad de México. 

Ante esta nueva información -la amenaza telefónica, el uso de su tarjeta de crédito y las declaraciones de su esposa, hermano (Faustino) y sus tres hijos (Angélica, Erendira y Vladimir) que contradicen la versión de los investigadores de que Florencio era borracho y mujeriego- es preciso volver a abrir la investigación. Ya. 










Y hay que darle protección inmediata a los miembros restantes de la familia López Osuna. 

Por las implicaciones de este caso, el gobierno federal debe involucrarse y asegurar una investigación fidedigna y a fondo.

"No tengo la capacidad de afirmar que Florencio y (la activista) Digna Ochoa fueron ejecutados por un comando enviado por esa fraternidad de las sombras, por darle un nombre", me dijo el académico del Colegio de México y defensor de los derechos humanos, Sergio Aguayo

"Pero de lo que sí tengo certeza es de la profunda incapacidad que han mostrado el gobierno mexicano y el gobierno panista…para esclarecer estas muertes."






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La muerte o asesinato de Florencio continúa una larga y triste tradición de olvido y obstrucción de la justicia en torno a los hechos ocurridos el dos de octubre de 1968. 

Los asesinos del 68 viven en absoluta impunidad entre los mexicanos; son vecinos, gente a nuestro lado en la mesa de un restaurante o manejando en la misma calle, que deberían pudrirse en una cárcel en vez de burlarse de todo un país en sus casas de altos muros.




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El presidente Vicente Fox prometió, cuando era candidato, crear una Comisión de la Verdad y meter en la cárcel a los "peces gordos" vinculados con la matanza de Tlatelolco. 

Hasta el momento ni una sola persona ha sido investigada, acusada, arrestada, juzgada o sentenciada por su responsabilidad en la masacre del 68. Ni una.


Estela en memoria de quienes murieron el 2 de octubre en 1968 en Tlatelolco (dedicada el 2 de octubre de 1993).




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