LA ZONA NEGRA: Un hombre llamado Jarabo


José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, nació en Madrid el 28 de abril de 1928.
Murió en Madrid el  4 de julio de 1959, más conocido como, José María Jarabo o simplemente como Jarabo, fue un criminal español, muy célebre en la crónica social de su época. 

Asesinó a dos hombres y dos mujeres, una de ellas embarazada.
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Nacido en Madrid, en el seno de una buena familia, educado en buenos colegios de los Estados Unidos. Regresó aEspaña en el año 1950, mientras su familia permaneció en Puerto Rico, y en un año gastó su fortuna, unos 15 millones de pesetas
Escaso de dinero, con la amenaza familiar de regresar a España, lo que hubiese acabado con su tren de vida, y con el chalet familiar de la calle Arturo Soria hipotecado.
El asesinato de la familia Fernández
En esas fechas, una de sus amantes, una inglesa, Beryl Martin Jones, comenzó a apremiarlo para que le restituyese una joya de brillantes regalo de su marido que le había entregado para que Jarabo la empeñase en la casa Jusfer, en la calle Alcalde Sáinz de Baranda. 
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Del empeño de la joya obtuvo 4.000 pesetas, un importe infinitamente menor del valor real de la joya, así como una carta de la propietaria autorizando el desempeño, además de detalles personales. 
Los prestamistas, tomaron la carta como prenda. Sin dinero para recuperar lo empeñado,el 19 de julio de 1958, pasadas las nueve de la noche, se dirigió no a la tienda, como había quedado, sino al domicilio de Emilio, en la calle Lope de Rueda, 57, 4º Exterior Izquierda. 
Cuchillo que usó para asesinar a Paulina Ramos Serrano. Foto cedida por Marco Besas. 
Al llegar, abre las puertas del ascensor valiéndose de los codos y aprieta el botón del piso al que va con la uña del pulgar derecho, para no dejar huellas. 
Pulsa el timbre de la vivienda con las falanges segunda y tercera del dedo índice. 
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Amparo Alonso Bravo muerta en su habitación.
Le abre la criada Paulina Ramos Serrano, de 26 años, que según el relato del fiscal le acompaña hasta donde se encuentra el dueño de la casa.
Es más probable que las cosas sucedieran de otro modo: cuando Jarabo llega al piso la criada está sola. Pregunta por Emilio y Paulina le lleva al salón, donde queda a la espera. 
Al rato José María, que tiene todo decidido, se encamina a la cocina, donde Paulina está pelando judías. Convencido de que debe eliminar testigos molestos, la golpea con una pesada plancha en la cabeza, y cuando, atontada por el golpe, la muchacha trata de gritar y defenderse, la sujeta por detrás, apretándole fuertemente nariz y boca con la mano izquierda, mientras que con la derecha le parte el corazón, hundiéndole en el pecho, hasta la cruz, el cuchillo de pelar judías. 
Traslada el cuerpo de la infortunada joven hasta su cuarto, donde la arroja, desmadejada, sobre la cama.
Pistola  que usó el asesino para matar a sus víctimas
Su cuarto crimen

Con posterioridad llega a la vivienda Emilio Fernández, lo abrazó haciéndose pasar por su mujer, y le disparó en la nuca en el cuarto de baño el cual le causó la muerte instantáneamente.
La esposa, Amparo Alonso, llega a la casa, y se encuentra con Jarabo, que le explica que es inspector de Hacienda, y que Emilio y Paulina han salido con unos compañeros suyos, también inspectores, para aclarar un asunto de tráfico de divisas. 
Amparo queda muy extrañada, pero el hombre la envuelve en un parloteo que tiene cierta coherencia, hasta que de pronto se da cuenta de que su aspecto no se corresponde con lo que estaba hablando, huyó por la casa la atrapó en su dormitorio, y le disparó en la nuca. 
Esta muerte fue doble al estar Amparo embarazada.
En la vivienda no están ni la carta ni la joya que intentaba recuperar. 
Aún así se cambió de camisa, y dispuso la vivienda y los cadáveres de tal forma que den la impresión de un crimen de índole sexual y pasó allí la noche durmiendo al estar la puerta del edificio cerrada. 
Al día siguiente, por la mañana se encamina al cine Carretas, un cine de sesión continua, y luego pasa la tarde descansando en la pensión donde reside, a la espera del lunes para intentar su última jugada con el socio de Emilio Fernández, Felix López Robledo.
El lunes, 21 de julio de 1958, Jarabo esperó a Felix López Robledo a la entrada del negocio. Sin darle tiempo a nada, le disparó dos tiros en la nuca, muriendo éste en el acto. 
Entró en la tienda e hizo un registro completo sin encontrar la joya ni la carta.
Posteriormente ese día, llevó el traje ensangrentado a una tintorería del número 49 de la calle Orense y pasó la noche con dos mujeres paseando en taxi y a la mañana del martes 22 de julio la policía lo detuvo en la puerta de la tintorería. 
Se habían descubierto los cadáveres de los asesinados y el propietario de la tintorería había informado a la policía del encargo que le había hecho Jarabo. 
Sin oponer resistencia, pidió que subieran comida desde Lhardy para todos, una botella de coñác francés, y consiguió que le dieran una inyección de morfina. Y fue contando la historia del solitario de oro. Manifestó que sentía profundamente la muerte de las dos mujeres, pero no así las de los que le habían chantajeado.
El juicio
El 29 de enero de 1959 se inició en el Palacio de Justicia de Madrid el juicio. La sala se llenó de famosos y conocidos, artistas (como Zori o Sara Montiel), algún torero y esposas de altos funcionarios.
Durante los cinco días que duró el juicio, estrenó traje cada día. Recibió la condena de cuatro penas de muerte. Intentó hacer uso de sus influencias, especialmente la de su tío, Presidente del Tribunal Supremo. 




El General Franco dio el visto bueno a la ejecución, vista para el 4 de julio de 1959
La noche antes de la ejecución la pasó fumando y bebiendo whisky y se presentó ante el verdugo vestido de gala, aunque se vino abajo ante la visión del garrote
Dada su fortaleza física y la debilidad del verdugo, Antonio López Sierra, tardó largo rato en morir. Fue el último ejecutado en cumplimiento de sentencias dictadas por la jurisdicción ordinaria.
En el cementerio se produjeron varios incidentes al correr el rumor de que no había sido ejecutado gracias a sus influencias. 
El comisario, al oír que quien iba en el féretro era un gitano que también estaba condenado a muerte, puso la pistola en la sien al conductor y le obligó a abrir el féretro para desmentir los rumores.
La historia de Jarabo fue llevada a la pequeña pantalla por Juan Antonio Bardem en la serie "La huella del crimen" y protagonizada por Sancho Gracia, en 1984.



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