LA ZONA G8: Guinea del "Jefe".


Las declaraciones de Francisco Macías Nguema Biyogo -primer Presidente de la República de Guinea Ecuatorial- durante el juicio que se celebró contra él, antes de ser ejecutado, y que podemos contemplar en la sección de video de la web oficial no dejan lugar a ninguna duda sobre el asesino papel de Teodoro Obiang Nguema, en la tragedia que acompañó al pueblo de Guinea Ecuatorial durante los primeros 11 años de la tiranía que vivió el país, y que se alargan hasta hoy, 30 años después de Macías.

Macías Nguema, con tono vehemente (con lo que asustaba a cualquiera que se le pusiera por delante) se reitera permanentemente en la referencia al “Jefe de las Cárceles”, como la clave de las matanzas que durante los primeros once años de tiranía, tuvieron en vilo y diezmaron al pueblo de Guinea Ecuatorial.

Teodoro Obiang Nguema no lo ha negado ni podrá negarlo nunca, que era el famoso “Jefe de las Cárceles” durante los once años del mandato de Macías, su tío.

Como tal “Jefe de Cárceles” de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema Mbasogo, se creyó dueño absoluto de las vidas de los guineanos (esta fe ciega aún perdura).

Muy especialmente de la vida de los que, militares como él, o civiles y políticos destacados, consideraba mejor dotados militarmente, o mejor preparados políticamente.

Teodoro Obiang Nguema

Liquidarlos y quitarlos de en medio, en su desastroso y truculento ascenso hacia el poder, fue siempre una tarea absolutamente prioritaria para él. Para ello utilizó magistralmente sus mejores características de hombre taimado, silencioso, calculador y “estratega”.

El miedo a ser inculpado de sus barbaridades ha podido siempre con él. Por eso, la cobertura de su tío Presidente, Macías Nguema, hacia quien desviaba todas las responsabilidades de sus terribles matanzas, fue la coartada mejor encontrada y utilizada por esa incansable e insaciable máquina de matar.

Si Obiang Nguema Mbasogo era el “Jefe de las Cárceles” de Guinea Ecuatorial, en cada una de las cárceles del país había, naturalmente un “Encargado” de la cárcel correspondiente; obediente absoluto de las órdenes del jefe de las Cárceles.

Tal era el caso del destripador “ONDO ELA“, en el infierno de Black-Beach, ó NDONG ADA en la “Cárcel Modelo” de Bata (por referirnos a algunos ejemplos).

Pero sobre todos ellos planeaba la negra y tétrica sombra, la espada y las órdenes del máximo Jefe de las Cárceles: TEODORO OBIANG NGUEMA MBASOGO.

Como Jefe Supremo de las cárceles, solo Teodoro Obiang Nguema tenía la facultad de juzgar, condenar y matar a las personas que caían en la desgracia de ser llevados a la “Modelo” de Bata, o a Black-Bach de Malabo, acusado de “ser unos descontentos” con el régimen de Macías, o por “intento de golpe de Estado”; el mayor delito falso que se puede cometer contra el régimen de Macías o de Obiang Nguema.

Un delito que, solo por su nombre, y sin necesidad de más pruebas -pues siempre es el mayor y definitivo motivo para la ejecución- arrastra al reo y al resto del público a callarse o a soltar todas las rabias sobre el
“apestoso y peligroso” acusado falsamente.


La “OFICINA”, un oscuro y estrecho rincón de la Cárcel de Black -Beach, era (¿es?) la infernal sala de juicios donde cada media noche, después de una nueva redada de políticos, aparecía Teodoro Obiang Nguema, para interrogar y decidir el destino mortal de los “presos políticos”, (su materia y botín preferidos).

Por cierto, ahí apareció, una noche, el “compadre” de Obiang Nguema, Alfonso Nsue Mokuy, (entonces pieza apetecible del régimen…) quien, posiblemente por lo de “compadre” y sin ser requerido, irrumpió en la “Oficina para mostrar a su “compadre” las nalgas reventadas por la paliza que había recibido, previa a su liquidación.

Fue, posiblemente la última de sus múltiples detenciones y torturas. Avergonzado del espectáculo (del culo reventado de Nsue Mokuy) su compadre ordenó que lo llevaran al Hospital General de Malabo. Se sellaba así la eterna e inseparable amistad que une hoy a los dos compadres: Alfonso Nsue Mokuy y Teodoro Obiang Nguema“.

Otros centenares de presos políticos, sin embargo, no corrieron la misma suerte. O eran (son) enviados a trabajos forzosos en las fincas de cacao; o, después del juicio nocturno en la “Oficina”, eran objeto de la condena de muerte.

Estas condenas se ejecutaban normalmente durante los trabajos durísimos a los presos políticos eran enviados; normalmente en el bosque.

Otra forma de ejecutarse las sentencias de muerte era, organizar entre los condenados una pelea hasta que se iban eliminando unos a otros, ante la mirada aterrorizada y muda de otros presos; el último superviviente era liquidado por el militar de turno.

Eran igualmente frecuentes las “fiestas” organizadas por el gran “Jefe de Cárceles”, Teodoro Obiang Nguema, en el mismísimo patio de la cárcel de Black-Beach.

Este fue el caso de lo que el propio Obiang Nguema bautizó con el nombre de “EL BAILE DE MOKÖM”, el último asesinato masivo, e infernal que precedió a la declaración del golpe de Estado contra su tío Macías.



Francisco Macias Nguema

En este “Baile de Moköm”, se mataron entre sí ilustres políticos y señaladas personalidades como el sacerdote José Esono Mitogo; Buenaventura Ochaga Ngomo; Jesús Alfonso Oyono Alogo; Pablo Nseng Esono; Manuel Nzi Mba; posteriormente, Job Obiang Mba; etc., etc.

Era, ni más ni menos que la última ornada de políticos y personalidades que todavía podían ponerse y obstaculizar el camino a un Obiang Nguema dispuesto a heredar el poder por un golpe de Estado contra su tío Macías.

Los cadáveres de estos ilustres varones aparecieron pocos días después, metidos en sacos, en las orillas de las playas de Camerún.

Centrándonos en el juicio contra Francisco Macías Nguema Biyogo Ñegué Ndong, no podemos menos de preguntarnos:

¿Por qué no citó nunca, en todo su proceso, el nombre del “Jefe de las Cárceles” de Guinea Ecuatorial?

¿Era, acaso, para evitar que la Justicia cayera también sobre su sobrino, Teodoro Obiang Nguema; quien, tanto le quería y protegía, que le “salvó…” de tantos falsos intentos de golpes de Estado, asesinando, o, como tanto le gusta decir, “suicidando” a los detenidos?.

¿Es posible que Francisco Macías pensara que, no citando en su juicio a su sobrino Teodoro Obiang (Jefe de las Cárceles) permitiría que la saga de 12 presidentes de Mongomo (una irrenunciable gran ilusión) se mantuviera y se cumpliera?

¿Pensó, Francisco Macías, que si no citaba a su sobrino Teodoro Obiang, podía salvarse de la quema y de la muerte, ya que el poder se mantendría en manos familiares?

SAMAUEL DOE

Hay todavía muchos supervivientes que podrían esclarecer con propiedad los hechos y las razones.

Solo podemos valernos de una explicación que circula de boca en boca tanto de los propios círculos cercanos a Teodoro Obiang, como de familiares de Macías. Se trata, según estas fuentes de una típica “historia de alta traición familiar”.


Decretado el golpe de Estado del 3 de Agosto de 1979, y detenido su tío Francisco Macías en las espesuras de la selva guineana, y trasladado a Malabo para ser juzgado, el golpista Teodoro Obiang, sumido en el terror y el miedo a verse, naturalmente, involucrado en el juicio, realizó una última visita a su tío Macías; y, entre súplicas y amenazas, prometió a Francisco Macías Nguema que si no le citaba en el juicio, le salvaría de la condena de muerte; pero si su tío le citaba en el juicio, se vería obligado a decretar su condena a muerte.

“¡Recuerda que ahora yo soy el Presidente!”, le amenazó.

Francisco Macías Nguema, quien en sus vehementes declaraciones en el juicio, reconoce la parte de responsabilidad y culpabilidad que le tocaba como Presidente del país; que nunca frenó con el debido castigo al principal protagonistas de las masacres (el gran Jefe de Cárceles); el propio Macías que en varios casos dio órdenes directas y personales de liquidación de sus siempre débiles y acobardados “enemigos”, cometió un último delito imperdonable: El delito de encubrir al factótum de las tragedia de Guinea Ecuatorial, su sobrino Teodoro Obiang Nguema, y permitir que tan potente máquina de matar prolongara, en solitario, por otros 30 años, la masacre y aniquilación del pueblo de Guinea Ecuatorial.

Y una pregunta ineludible: ¿Por qué en ningún momento quiso el Tribunal parar el juicio y reclamar al tan citado, referido, mencionado, aludido, insinuado, apuntado, bordeado, enmarcado “Jefe de las Cárceles”?

¿Por qué, ni siquiera se obligó a Macías Nguema a citar el nombre de ese oscuro y escondido ser?

¿Pudo, igualmente, el Tribunal recibir alguna amenaza del “nuevo Presidente” o alguna “Alta” recomendación a su favor?

Es la clara historia de un juicio truncado, suspendido y ¡pendiente…!

Es el nacimiento de un monstruo, que nos devora desde entonces. EDEM KODJO, eminente político africano, ex Secretario General de la antigua O.U.A. (UA) dijo:

“A los dictadores africanos les queda solo dos caminos: o el de Erik Hoeneker, (dictador comunista de la antigua República Democrática de Alemania que cedió paso a las libertades del pueblo, retirándose) o el de Ceaucescu (dictador rumano que murió acribillado a balazos, como un gusano, por negarse a dar libertad al pueblo rumano”.

A Obiang Nguema no le faltan ejemplos africanos como SAMAUEL DOE, asesino Presidente de Liberia, a quien el pueblo seccionó las orejas, públicamente.

Esas orejas que Obiang Nguema no quiere utilizar para oír los gritos del pueblo guineano pidiendo libertad y piedad.

Ni siquiera escucha la voz de su esposa, Constancia, gritándole que se larguen con las alforjas tan llenas, ya, de robos.

Este artículo se publicó gracias a la gentileza del autor y de la página de internet del “Gobierno en el Exilio”

De un tiempo a esta parte cierto sector de la oposición guineana se ha lanzado al exterior. El acoso al que los opositores guineanos son sometidos en España es más que vergonzoso. Ese acoso viene de varios frentes, pero especialmente del dictador Teodoro Obiang Nguema -a través de secuaces y de sus propios servicios de seguridad- y, lo que es más que lamentable, del Gobierno de España.

Severo Moto en la foto, a la derecha.

Es público que el Gobierno español sostiene el “aparato burocrático” de Obiang Nguema, pero lo que se conoce menos es la presión a la que son sometidos los exiliados guineanos en España.

La mayoría de ellos recorren un penoso calvario en busca de los “papeles” como residentes o refugiados políticos, cuando no son desposeídos del pasaporte como Severo Moto.

“Si fuéramos marroquíes o rumanos, por ejemplo, tendríamos todo solucionado e incluso una vivienda social, pero somos guineanos, hemos tenido el DNI como españoles, y ahora nos tiran a la basura”, me comenta un refugiado que malvive en España.

Ese menosprecio no parte sólo desde el Gobierno; el resto del llamado arco parlamentario mantiene más o menos la misma filosofía. Ni caso. Y la mayoría de los medios de comunicación más de lo mismo.

Severo Moto.

La situación se puede calificar como de auténtica desvergüenza.

Sabemos de muchos (políticos, empresarios, cooperantes, funcionarios, consultores externos, ONGs y algún sector de la Iglesia) que tiemblan pensando que algún día se pueda llegar a saber cómo obtuvieron prebendas, convolutos, sobres que no llegaron a su destino y contenedores que se quedaron en Valencia, por no mencionar el mal uso y abuso de los fondos reservados procedentes de La Moncloa y del Ministerio del Interior.

Por mucho que ciertos poderes pretendan que la voz de los guineanos no se escuche, llegará el día en que todo cambie. No se puede poner puertas al mar ni al aire.

Por mucho que esos poderes o “servicios” se empecinen en hacer llegar a la población española noticias distorsionadas sobre lo que acontece en la ex colonia española, llegará el día en que eso ya no será posible.

Por mucho que esos mismos centros de poder se obstinen en conducir la información a sus voceros profesionales (a veces camuflados de asociaciones u ONGs), ésta fluye como algo natural hasta ver la luz.

Faustino Ondó Ebang

Un refrán español dice que “cuando una puerta se cierra, una ventana se abre”. Y es lo que está pasando con los opositores guineanos. Ya no confían en España. Es más, desconfían. La misma sensación tienen los ciudadanos que viven en Malabo y Bata.

Todos saben que España se debe -ahora más que nunca- a los dictados de Francia, y comienzan a obrar en consecuencia.

Los contactos con el exterior y con partidos políticos minoritarios españoles son ahora la dedicación del líder de UP (Unión Popular), Faustino Ondó Ebang.

Severo Moto, líder del Gobierno en el Exilio y del Partido del Progreso, arropado en el “Espíritu de Valencia” o el compromiso social y político que ha adquirido con su militancia y la ciudadanía guineana, se ha hecho notar estos días en Bruselas.

Él no ha estado presente -las autoridades españolas le han secuestrado su pasaporte-, pero su puesto ha sido ocupado por sus hombres de confianza: Armengol Engonga, Amalio Alfredo Buaky Botui, Pablo Ndong Nsema Nchama y Luciano Ndong Esono Oyana, además de varios militantes afincados en España, que no han dudado en viajar al corazón político de la Unión Europea.

Allí, han mantenido reuniones con unos y con otros. Han entregado mil y un legajos con las atrocidades físicas cometidas por el régimen de Guinea Ecuatorial.

Teodoro Obiang y Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada

Han aportado datos sobre el dinero de Obiang Nguema en paraísos fiscales y en otros que no lo son.

Han pormenorizado los abusos contra los derechos humanos, cometidos por la dictadura, y han alertado a las autoridades comunitarias sobre el peligro que encierra par el futuro del Golfo de Guinea, un personaje como Obiang Nguema.

La voz de Moto, a través de esta delegación política, la han escuchado también empresarios, intelectuales, medios de comunicación y políticos.

La presencia de guineanos en las calles de Bruselas no ha pasado desapercibida para el apacible pueblo belga.

Y para Obiang y su lobby en España tampoco.


El Canal Internacional de RTVE está emitiendo el siguiente spot publicitario en el que se hace propaganda del régimen dictarial de Teodoro Obiang Nguema. La copia, que no es muy buena, se ha hecho directamente de un televisor en Guinea Ecuatorial (15 de septiembre 2009)















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