La zona cerebro: CHURCHILL Y LA HIPERACTIVIDAD




El pequeño Winston, hijo de Randolph Henry Spencer Churchill, tercer genito del duque de Malborough, y de la americana Jessie Jerome, hija del propietario del New York Times.

Nació el 30 de noviembre del 1874 en el edificio Blenheim, cerca de Woodstock y murió en Londres el 24 de Enero de 1965.

Transcurrió la infancia como muchos niños de la nobleza de la época, bajo las atenciones de una afectuosa gobernanta que tenia que hacerlo de la mejor manera para compensar la indiferencia de los padres.

De hecho, el padre estaba demasiado ocupado con su actividad política, que dentro de poco lo convertiría en ministro para India en el gobierno conservador de Salisbury.

Edificio Blenheim

Por su parte la madre era una mujer demasiado atractiva, liberal y sin escrúpulos para consumirse en un tranquilo marco familiar: bailes, fiestas y un gran número de amantes (entre los cuales destaca el futuro rey Eduardo VII) eran sus aficiones más importantes.

Winston se crió con este sentido de negliciencia. Antes de la escuela alguien lo consideraba hasta retrasado, a causa de su poca tranquilidad y de un sentido de disciplina muy escaso. Debilidades quizás hoy aceptables, que se consideraban imperdonables en un joven súbdito de su majestad.
En el Museo de cera de Madame Tussaud¨s


Fue primer ministro británico desde 1940 a 1945. Además, en 1953 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Durante su niñez era castigado muy a menudo y sus notas siempre eran malas. En 1888, ingresó en la famosa escuela de Harrow y fue incluido en la clase de los alumnos más retrasados. Uno de sus maestros diría de él:
“No era un muchacho fácil de manejar. Su inteligencia era brillante, pero sólo estudiaba cuando quería y con los profesores que merecían su aprobación”, recuerdan sus profesores.
A los 7 años, con la matriculación a la St. George School di Ascot, se pone en marcha su calvario entre los pupitres, que durará hasta el ingreso a la academia militar de Sandhurst en 1893.
Insolente y arrogante hacia compañeros y profesores, fracaso en todas aquellas asignaturas que tenían que levantar el ánimo de un joven exponente de la gentry (la aristocracia). Latín, griego, francés y matemática siempre serán sus pesadillas.
A pesar de las muy malas notas, a los catorce años, fue admitido al colegio de Harrow (el senado académico no quiso asumirse la responsabilidad de rechazar el hijo de un ex ministro!), sin embargo la situación no mejoro.
"Winston – escribió una profesora a la madre – ha empeorado a lo largo del trimestre. Constantemente llega tarde a la escuela, pierde los libros, cuadernos y varias otras cosas que no hace falta especificar.
Es tan perseverante en su irregularidad que no se que hacer; a veces pienso que no hay nada que se puede hacer".
Para rellenar los huecos frecuento a menudo clases de recuperación. Por su parte, la madre intentaba estimularlo con cartas de reproches "Tu libreta de notas […] es horrible. Trabajas de manera tan incoherente y puntual que saldrás ultimo. […] Winston cariño, me haces muy infeliz…Tu manera de trabajar es un inculto a la inteligencia".
Sin embargo, tenía inteligencia y memoria de sobra.
En Harrow demostro dos de sus calidades que lo habrían caracterizado en lo años siguientes: una formidable memoria (se cuenta que era capaz de repetir a memoria enteras escenas de las obras de Shakespeare y miles de versos de Macaulay) u una feliz inclinación para la escritura periodística (aquí empezó su carrera escribiendo para la revista de la escuela, el Harrowian).
Churchill fracasó dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst, pero cuando consiguió entrar, su actitud y notas cambiaron radicalmente, lo que le llevó a destacar entre los alumnos de su nivel.
Ha destacado en la historia como uno de los mejores políticos y diplomáticos del mundo capaz de distinguir a sus más grandes enemigos dentro de su propio grupo político.


























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