LA ZONA PÚBLICA: Medicamentos Falsos.

La falsificación de medicamentos mueve al menos 75.000 millones de dólares, "muy por encima del tráfico ilegal de estupefacientes", con la diferencia de que el riesgo para quien realiza estos delitos es "mucho menor".



Esta es la estimación del director de seguridad global de la compañía de investigación biomédica Pfizer Internacional, David Shore, quien confiesa que resulta "muy complicado conocer la magnitud real del problema" aunque se piensa que este mercado crece al año a un ritmo del 30 por ciento.



Internet se ha convertido en el trampolín de este comercio de escala global y la Organización Mundial de la Salud advierte de que el 62 por ciento de los fármacos vendidos en la red son falsos, con la amenaza que esto supone para la salud de la población.



Según las predicciones del Center for Medicine in the Public Interest, de Estados Unidos, este mercado alcanzará un volumen de aproximadamente 55.500 millones de euros en 2010, con un incremento de más del 90 por ciento desde 2005.

Esta situación ha centrado un seminario para periodistas organizado bajo el título "La falsificación de medicamentos: un negocio de riesgo".




La alteración o simulación de fármacos es delito grave en el Código Penal, con pena de cárcel de hasta tres años y, en circunstancias extraordinarias, de hasta cuatro años y medio y con una multa que puede llegar hasta los 220.000 euros.



Un sin sentido que tenga esta pena cuando por la vía Administrativa está castigado con una multa que va desde los 600.000 al millón de euros o un quíntuplo del valor de los medicamentos falsificados.

Seria conveniente que el castigo se equipare a los delitos contra la Salud Pública para el caso de las drogas duras, estableciendo agravantes que impliquen una sanción mayor por cuestiones como que los destinatarios fueran menores, que fuera realizado por una organización criminal o en supuestos de notoria importancia.




Esto permitiría a los jueces de instrucción poder acordar la prisión provisional y evitar situaciones como las que se han vivido recientemente, en las que los delincuentes han vuelto a reincidir en "muy breve plazo".



El principal objetivo es buscar la raíz del delito en laboratorios clandestinos, en importadores o en aquellos que realizan desvío de originales para otros fines distintos.

De poco sirve ir contra el pequeño traficante, pues el problema seguirá existiendo.

José Rodríguez, inspector jefe del Grupo Antipiratería de la Brigada de Investigación Tecnológica de la UDEF Central, declaró que más del 90 por ciento de las páginas online que venden fármacos lo hace ilegalmente.




Las dificultades para luchar contra estas prácticas son muchas, por lo que es importante la colaboración entre países para conseguir bloquear de una forma rápida los portales, esgrime el inspector.

Además, uno de los inconvenientes principales a la hora de desarrollar investigaciones policiales dentro del ámbito penal es poder acreditar que el producto causa un grave daño para la salud.




La coordinadora de Área de la Subdirección General de Gestión Aduanera, Nerea Rodríguez, señala que las autoridades españolas interceptaron más de 2,3 millones de artículos falsificados que iban a ser comercializados en la UE o reexportados a terceros países.

En total, según datos de las autoridades aduaneras, durante 2007 se incautaron de 4.081.000 envases de medicamentos en la UE.




Francisco Toquero, vicepresidente de la Organización Médica Colegial, aboga por actualizar la legislación y plantea dotar a la Agencia Española del Medicamento de más recursos.

José Antonio Herrada, presidente de la Coalición de Ciudadanos con Enfermedades Crónicas, hace un llamamiento a todas las partes implicadas para conseguir que el derecho a la salud "prevalezca por encima de otros -como el económico- aún en tiempos de crisis".



¿Cómo podéis evitar los medicamentos falsificados?

No compréis nunca medicamentos por Internet ni en ningún otro sitio que no sea la farmacia.
Comprar los medicamentos exclusivamente en la farmacia es la manera más efectiva de protegeros de las falsificaciones, salvaguardar vuestra salud y la de vuestra familia y disponer del apoyo de vuestra farmacia para resolver cualquier duda o problema surgido en relación con un medicamento.

Un medicamento falsificado es un riesgo para vuestra salud.

Aunque se puede presentar bajo la apariencia de un medicamento legal, no se conoce su origen ni la composición real.
Además ha sido fabricado, etiquetado y distribuido de manera fraudulenta. Por eso no tenéis ninguna garantía ni de su calidad ni de su eficacia.



Los medicamentos falsificados no son útiles para tratar o prevenir la enfermedad que padecéis.

Si compráis un medicamento falsificado, es muy posible que no contenga el principio activo en la cantidad suficiente para ser eficaz, que sea excesivo y resulte perjudicial para la salud o, sencillamente, que no lo contenga.
De la misma manera, en su composición pueden haber impurezas u otras substancias nocivas i/o estar contaminado. También se puede haber estropeado.
La información que acompaña un medicamento falsificado puede ser a la vez insuficiente para garantizar el uso seguro.
Sin consejo ni seguimiento médico resultan aún más peligrosos.

¿Qué os puede hacer sospechar que un medicamento está falsificado?
  • Sin receta. Os lo han ofrecido sin necesidad de receta, cuando en realidad es necesaria.
  • Ofertas. Os lo ofrecen a un precio rebajado y a través de ofertas.
  • Presentación. El medicamento tiene color, forma, olor, sabor o textura diferentes de los habituales. Tampoco tiene las marcas habituales (ranuras, símbolos, letras, nombres) grabados o impresos en su superficie.
  • Efectos. No tiene el efecto habitual o esperado. Provoca reacciones nuevas, que no son las habituales.
  • Caducidad y lote. La fecha de caducidad puede estar aparentemente modificada o expresada de forma distinta de la habitual, así como la identificación de lotes.













EFECTOS SECUNDARIOS “CONSTITUCIONALES”.


Ningún ciudadano que haga uso de la sanidad andaluza podrá poner en tela de juicio la posible ineficacia de aquello que adquiere en la farmacia. A no ser que los resultados se hagan demasiado visibles, en forma de malestar físico con unas reacciones que hagan sospechar que lo que ingiere no es lo correcto. 

Con toda seguridad, relacionará el resultado y los efectos del producto -ya sea beneficioso o perjudicial-, con su precio. Después de que este, haya sido previamente recetado por su médico de Atención Primaria o especialista, en los que confía fervientemente.

Muy probablemente, el usuario y paciente, desconocerá que, quienes velan por el producto de un modo muy mercantilista y austero, también relacionaron los resultados de aquel producto entre sus “cobayas” con el precio que debe pagar para que estas (usuarios), gocen de la máxima salud.

La cuestión radica en que, existen muy pocos “observadores” de la salud, encargados de vigilar esos efectos nefasto-secundarios, derivados del producto fabricado en Bangladesh, Vietnam, India, etc. Países de los que quizás, nunca hayan oído hablar esos pacientes-usuarios. Por aquella cuestión de que estos, guardan más relación con la fabricación de productos muy distantes de los medicamentos. Aun así. Nadie, tampoco, se ha encargado de ofrecerles el catálogo de lo recetado en la consulta. Tan bueno, barato y, procedente de la India. Un lugar muy conocido por su Té.

Avanzando aún más. Lo que quizás menos imagine es que, quienes velan por que este suministro farmacéutico sea “bueno, bonito y barato”, cuentan con el apoyo de un órgano constitucional español que ejerce la función de supremo intérprete de la Constitución, denominado Tribunal Constitucional.

Es este mismo órgano, el que ha coincidido en respaldar las “bondades” de la postura más austera de dicha Sanidad para elegir el precio más bajo de la “baratija” farmacéutica, destinada a los pulmones, hígado, corazón o las arterias de la clientela que desfila por el dispensario del malestar cronificado.

Dicho Órgano, no entra a debatir, cuestionar o garantizar la calidad del medicamento. Tampoco, parece mostrar demasiado interés en la posibilidad de que surja cualquier efecto “secundario” adverso sobre la salud del paciente-usuario. Por lo que, obviamente, tampoco, hace mención a los responsables de reparar el posible daño.

Llegados a este punto, cabría deducir que, el cliente, en este caso, no goza del privilegio de tener la razón. No goza del derecho de disponer de información. Y, además, no goza del derecho de disponer de defensa. Un escenario perfectamente diseñado para correr un oscuro telón que oculte en la más absoluta oscuridad al sumiso paciente que desconoce que, el producto circula, cual mercancía de Feria de ganado, a fin de ser adjudicado al mejor postor. Ese, que pretende comerciar con la salud a un precio asequible a la Caja de su Servicio de Salud público.

En un rincón del salón olvidado o de la habitación en penumbra, se encuentra la víctima convenientemente “alimentada” con la panacea de Feria Farmacéutica. Un agradable sopor lo envuelve, mientras de la comisura de sus labios, se desprende un hilo de vida que puede ser el último, fruto del gran bálsamo Indio que le mantiene “a raya” y en silencio.

Nada hará sospechar de la pócima barata. Y, a veces, inexistente en el “kiosco” de la felicidad. No habrá comentarios, críticas o cualquier otro detalle que violente el políticamente correcto desarrollo del funeral. No hay sitio para la frivolidad de la acusación en vano al Sistema. No es necesario alterar el clima de dolor. No se pedirán explicaciones al pie de la cama del muerto por causas “no contrastadas”. No miraremos el reloj porque el forense se demora para acudir al Parque donde, junto a un banco, ha caído la anciana desplomada, esta mañana, mientras sufrió ese accidente cardiovascular porque la dosis de Té Indio, no era la correcta y la adecuada. O, quizás, porque nunca debió probarlo.



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1 comentario:

  1. muy interesante este aporte, gracias por compartirlo, es muy bueno reconocer el medicamento que consumimos para prevenir y/o curar nuestras enfermedades.

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