LA ZONA NEGRA : The Sarco o la "otra" muerte.

Quitarse la vida continúa siendo tabú en la mayor parte de los países del planeta. Sólo un puñado reducido de países (Canadá, Colombia, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Luxemburgo, Japón) contemplan en su legislación la eutanasia activa como vía legal. 


Como forma de abandonar este mundo sin cortapisas, sin que medie una enfermedad terminal o una discapacidad de sufrimiento insoportable.

De ahí que el, desarrollo tecnológico de la eutanasia haya quedado constreñido a un puñado de rincones. Países Bajos es el más destacado, en gran medida porque allí reside y trabaja Philip Nitschke, doctor australiano conocido popularmente como "el gurú de la eutanasia" o, de forma más prosaica, "el Doctor Muerte" (sí, al igual que Mengele). Nitschke fue el primer doctor en practicar la eutanasia en Países Bajos tras su legalización en 2001, y desde entonces es una suerte de "Elon Musk del suicidio asistido".

La comparación no es baladí. A los muchos libros y artículos escritos sobre "el derecho a la muerte", o lo que es lo mismo, el derecho a matarse a uno mismo amparado por la ley, Nitschke ha sumado una nueva y sorprendente creación: The Sarco. Un sarcófago futurista imprimible en 3D que facilita una muerte indolora y pacífica a todo aquel humano que lo desee. Se entra en la cápsula, se activa el protocolo, se inhala el nitrógeno y en cinco minutos se ha terminado con la existencia propia. El sueño 4.0 de Kierkegaard.

Según Nitschke, cuya residencia en Países Bajos obedece a los firmes pilares sobre los que se asienta su campo de estudio y divulgación, la máquina estará disponible a partir de 2018. Tan sorprendente hito tecnológico lo firma Exit International, la empresa/fundación que ampara la actividad, cómo decirlo, filantrópica de Nitschke. El doctor australiano lleva media vida tratando de asegurar que todo aquel que desee quitarse la vida pueda hacerlo con seguridad y sin violencia. The Sarco es su última muesca en el revolver.

Otra versión del prototipo.

¿Cómo funciona? Como él mismo explica, de forma simple. La máquina es un sueño torcido de la ciencia ficción, una cápsula autónoma imprimible en 3D en la que el comprador se sienta y se quita la vida. Lo hace accionando una pequeña dosis de nitrógeno que al cabo de un minuto le deja inconsciente, y al cabo de cinco, le ahorra el resto de su existencia. Sólo funciona desde dentro (no puedes matar a nadie) y tiene dos botones de emergencia (en caso de que alguien se arrepienta en pleno proceso).

No es la primera vez que Nitschke, quizá la figura más prominente y polémica de la eutanasia médica, crea una máquina para asegurar una muerte rápida, indolora y sencilla. En 1997 lanzó The Deliverance, un simple ordenador portátil que accionaba una dosis letal de barbitúricos una vez el paciente había confirmado su deseo de perder la vida. Poco a poco, su camino profesional le ha llevado a The Sarco. Tu propio y voluntario sarcófado.


Tienes un derecho a morir (o eso opina Nitschke)

Los problemas morales de una literal máquina de la muerte son muy variados. El principal es inherente a la eutanasia. ¿Existe un derecho a quitarse la vida? Gran parte de las cortapisas de los estados a la eutanasia libre, sin condicionantes de enfermedad o discapacidad, se basa en los mismos principios por los que se combate el suicidio: la vida tiene un valor intrínseco en sí mismo. Pocas personas en sus cabales, o en su plenitud física y psiquiátrica, desean perderla.

Para Nitschke esto es un error de enfoque. Como él mismo argumenta en esta entrevista a Vice: "El argumento más común es que no existe tal cosa como un suicidio racional, y que el deseo de la muerte es, por definición, el resultado de una enfermedad psiquiátrica. Yo lo rechazo. El deseo de morir de alguien no debe ser tratado per se. Otra objeción es que la vida es un regalo. Mi contrargumento es: si la vida es un regalo, tienes permitido entregarlo. De otro modo, ¿no es una carga antes que un regalo?".

Philip Nitschke. (Wikipedia)

Aún aceptando su punto de vista, la cápsula de la muerte plantea otros problemas. Exit International requiere que sus clientes tengan más de 50 años. Para el doctor australiano es una barrera arbitraria, pero obligada por el fuerte rechazo que sus ideas generaron en Estados Unidos en 2011 (ante la posibilidad de que fomentara ideas suicidas entre los más jóvenes).

¿Y qué hay de los clientes que sí tengan un estadio clínico severo? Por ejemplo, las personas que atraviesen una grave depresión cuya cura, como sabemos, es factible. ¿También podrían acceder a The Sarco? Según Nitschke, sí. Aquí está el principal punto de conflicto de la cápsula: hay una suerte de test previo que tiene por objeto determinar si el comprador es mentalmente sano o no. Una persona depresiva, según Nitschke, puede pasarlo o no. Para él (y para Exit International) no es un criterio excluyente.

Según su perspectiva, el test lo realizará una Inteligencia Artificial futura que perfeccionará la criba y que permitirá discernir de forma fidedigna entre quienes quieren acabar con su vida, convencidos de ello, y quienes se lo plantean por culpa de enfermedades mentales reversibles o que pueden distorsionar su juicio y voluntad. Sea como fuere, el quién, el acceso a la muerte administrada de forma autónoma, es el quid de la cuestión: ¿todas las personas del mundo deberían poder entrar libremente en The Sarco y decidir marcharse de este mundo?

Para Nitschke es una cuestión de derechos individuales: las personas deberían ser capaces de elegir en libertad qué quieren hacer con su vida. Incluso si eso implica arrancársela. Y de hacerlo de forma segura, no violenta y efectiva, sin dolor, rápida. A día de hoy esto es complicado: la mayor parte de los suicidios son arriesgados, pueden salir mal y provocar secuelas de por vida e incluyen una alta dosis de violencia incluso en el menos lesivo de los casos. The Sarco es todo lo contrario: una despedida tranquila, con vistas a tu paisaje favorito (tiene ventanas).

Según Exit International, la máquina no tiene muchos problemas de producción. Las autoridades de Países Bajos ya le han informado de que no hay restricciones legales. Otra cuestión es que se pueda vender a terceros países donde la legislación de la eutanasia esté mucho más limitada. Allí no llegará The Sarco, un hito tecnológico y un controvertido producto moral del futuro al que nos encaminamos.

Si estás lidiando con problemas de salud mental o necesitas ayuda relacionada con el suicidio puedes contactar aquí con RedAIPIS, la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio. También puedes llamar al Teléfono de la Esperanza: 717 003 71.















LA ZONA ECOLÓGICA : Vincent Joseph Schaefer y el Proyecto Cirrus (Stormfury).

El Proyecto Stormfury fue un intento de debilitar los ciclones tropicales al volar aviones hacia ellos y sembrar con yoduro de plata. El proyecto fue administrado por el gobierno de los Estados Unidos desde 1962 hasta 1983.


La hipótesis era que el yoduro de plata causaría que el agua sobreenfriada en la tormenta se congelara, lo que perturbaría la estructura interna del huracán. Esto condujo a la siembra de varios huracanes en el Atlántico. Sin embargo, luego se demostró que esta hipótesis era incorrecta. Se determinó que la mayoría de los huracanes no contienen suficiente agua sobreenfriada para que la siembra de nubes sea efectiva. Además, los investigadores encontraron que los huracanes no sembrados a menudo sufren los mismos cambios estructurales que se esperaban de los huracanes sembrados. Este hallazgo puso en duda los éxitos de Stormfury, ya que los cambios informados ahora tenían una explicación natural.

El último vuelo experimental se realizó en 1971, debido a la falta de tormentas candidatas y un cambio en la flota de la NOAA. Más de una década después del último experimento de modificación, Project Stormfury fue oficialmente cancelado. Aunque falló en su objetivo de reducir la destructividad de los huracanes, el Proyecto Stormfury no careció de mérito. Los datos de observación y la investigación del ciclo de vida de la tormenta generados por Stormfury ayudaron a mejorar la capacidad de los meteorólogos para pronosticar el movimiento y la intensidad de futuros huracanes.



La siembra de nubes fue intentada por primera vez por Vincent Schaefer e Irving Langmuir. Después de presenciar la creación artificial de cristales de hielo, Langmuir se convirtió en un entusiasta defensor de la modificación del clima. Schaefer descubrió que cuando arrojaba hielo triturado en una nube, se producía una precipitación en forma de nieve. 

Irving Langmuir

Vincent Schaefer

Con respecto a los huracanes, se formuló la hipótesis de que al sembrar el área alrededor de la pared del ojo con yoduro de plata, se liberaría calor latente. Esto promovería la formación de una nueva pared del ojo. Como esta nueva pared del ojo era más grande que la antigua pared del ojo, los vientos del ciclón tropical serían más débiles debido a un gradiente de presión reducido. Incluso una pequeña reducción en la velocidad de los vientos de un huracán sería beneficiosa: dado que el potencial de daño de un huracán aumentaba como el cuadrado de la velocidad del viento, una ligera disminución de la velocidad del viento tendría una gran reducción en la destructividad.



Debido a los esfuerzos de Langmuir y la investigación de Schaefer en General Electric, el concepto de utilizar la siembra de nubes para debilitar los huracanes cobró impulso. De hecho, Schaefer había causado una gran tormenta de nieve el 20 de diciembre de 1946 al sembrar una nube. Esto causó que GE abandonara por razones legales. Schaefer y Langmuir ayudaron al ejército de los EE. UU. Como asesores del Proyecto Cirrus, el primer gran estudio de la física de la nube y la modificación del clima. Su objetivo más importante era tratar de debilitar a los huracanes. 

El proyecto Cirrus fue el primer intento de modificar un huracán. Fue una colaboración de General Electric Corporation, US Army Signal Corps, Office of Naval Research y US Air Force. Después de varios preparativos, y el escepticismo inicial de los científicos del gobierno, el primer intento de modificar un huracán comenzó el 13 de octubre de 1947 en un huracán que se dirigía de oeste a este y hacia el mar. 

El equipo de investigación mostrando los históricos resultados de nieve artificial. AP 

Un avión voló a lo largo de las bandas de lluvia del huracán y arrojó casi 180 libras (82 kilogramos) de hielo seco triturado en las nubes. La tripulación informó "modificación pronunciada de la cubierta de nubes sembrada". No se sabe si eso se debió a la siembra. Luego, el huracán cambió de dirección y tocó tierra cerca de Savannah, Georgia. El público culpó a la siembra, e Irving Langmuir afirmó que la reversión había sido causada por la intervención humana. Cirrus fue cancelado, y los pleitos fueron amenazados. Solo el hecho de que un sistema en 1906 había tomado un camino similar, así como la evidencia que demostraba que la tormenta ya había comenzado a cambiar cuando comenzó la siembra, terminó con el litigio. Este desastre retrasó la causa de la siembra de huracanes durante once años.

Imágen aérea del Huracán Cape Sable o Huracán King en Savannah (Georgia) EE UU 1947 modificado mediante geoingeniería.


Al principio, la siembra fue negada oficialmente y tomó años antes de que el gobierno lo admitiera. Según la edición del 12 de septiembre de 1965 de Fort Lauderdale News y Sun-Sentinel, en 1947 un huracán "se volvió loco" y "Doce años más tarde se admitió que la tormenta había sido sembrada ".

El Proyecto Nacional de Investigación de Huracanes de la Oficina Meteorológica de los Estados Unidos, fundado en 1955, tenía como uno de sus objetivos investigar la validez científica de los métodos de modificación de huracanes. Con este fin, los dispensadores de yoduro de plata se probaron en el huracán Daisy en agosto de 1958. Las bengalas se desplegaron fuera de la pared del ojo del huracán, por lo que esta fue una prueba de equipo en lugar de un experimento de modificación. El equipo funcionó mal en todos menos uno de los vuelos, y no se adquirieron datos concluyentes.

El primer experimento de siembra desde el desastre de Cirrus fue realizado el 16 de septiembre de 1961, en el huracán Esther por el NHRP y el avión de la Armada de los Estados Unidos. Ocho cilindros de yoduro de plata se dejaron caer en la pared del ojo de Esther, y los vientos se registraron como debilitamiento en un 10 por ciento. Al día siguiente, se hicieron más vuelos de siembra. Esta vez, el yoduro de plata no cayó en la pared del ojo, y no se observó reducción en la velocidad del viento. Estos dos resultados se interpretaron como que el experimento fue un "éxito". 

Las semillas en el huracán Esther llevaron al establecimiento del Proyecto Stormfury en 1962. El proyecto Stormfury era una empresa conjunta del Departamento de Comercio de los Estados Unidos y la Armada de los Estados Unidos




Proyecto BATON

El objetivo del Proyecto BATON fue el análisis del ciclo de vida de las tormentas eléctricas. El Proyecto BATON, una actividad de investigación del Departamento de Defensa respaldada por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada, buscó ampliar la comprensión de la física de tormentas como una ayuda para la previsión meteorológica, la prevención de incendios y, posiblemente, para el control artificial del clima. El Dr. Helmut Weickmann, como empleado del Laboratorio de Investigación y Desarrollo de Señales del Ejército de EE. UU., Y el Dr. Paul McReady de Meteorology Research, Inc., fueron líderes conjuntos del equipo del Proyecto BATON.

Durante la temporada de tormentas de julio-agosto de 1962 en Flagstaff, Arizona, los científicos seleccionaron tormentas de "conejillos de indias" y los sembraron con productos químicos. 

Los efectos se analizaron minuciosamente desde el suelo y desde el aire con cámaras de imágenes en movimiento de lapso de tiempo, cámaras fijas estéreo, radar de tormenta, detectores de rayos y sensores de calor en el aire. Entre los agentes insertados en las nubes seleccionadas había "núcleos de condensación" que aumentaban temporalmente el número de gotas de agua en la nube y pulverizaban el hielo seco, que convierte una parte de la nube en cristales finos de nieve que permanecen en el aire. La utilización de estos agentes facilitó el estudio de las características de una tormenta.

El proyecto STORMFURY comienza

Robert Simpson se convirtió en su primer director, sirviendo en esta capacidad hasta 1965. Se utilizaron varias pautas para seleccionar qué tormentas sembrar. El huracán tenía que tener menos del 10 por ciento de posibilidades de acercarse a la tierra habitada en un día; tenía que estar dentro del alcance de la aeronave de siembra; y tenía que ser una tormenta bastante intensa con un ojo bien formado. El principal efecto de estos criterios fue hacer posible los objetivos de siembra extremadamente raros.

No se formaron tormentas adecuadas en la temporada de 1962. El próximo año, Stormfury comenzó realizando experimentos sobre nubes cumulus. Del 17 al 20 de agosto de ese año, se realizaron experimentos en 11 nubes, de las cuales seis fueron sembradas y cinco fueron controles. En cinco de las seis nubes sembradas, se observaron cambios consistentes con la hipótesis de trabajo. 

El 23 de agosto de 1963, el huracán Beulah fue el sitio del próximo intento de siembra. Tenía una pared del ojo indistinta. Además, se cometieron errores, ya que las semillas de yoduro de plata se cayeron en los lugares equivocados. Como consecuencia, no pasó nada. Al día siguiente, se hizo otro intento, y las sembradoras golpearon sus objetivos. Se observó que la pared del ojo se deshacía y se reemplazaba por otra pared del ojo con un radio mayor. Los vientos sostenidos también cayeron en un veinte por ciento. En general, los resultados de los experimentos en Beulah fueron "alentadores pero no concluyentes".

En los seis años posteriores a Beulah, no se realizaron siembras por varias razones diferentes. En 1964, el equipo de medición y observación no estaba listo para ser utilizado. Un año después, todos los vuelos se usaron para experimentar adicionalmente en nubes que no eran huracanes. 

Joanne Simpson. Foto NASA.

Joanne Simpson se convirtió en su directora en 1965. Mientras que en el mar en agosto de la temporada de huracanes del Atlántico de 1965, los meteorólogos de Stormfury decidieron que el huracán Betsy era un buen candidato para la siembra. Sin embargo, la tormenta inmediatamente giró hacia la tierra, y el 1 de septiembre, los vuelos planeados fueron cancelados. Por alguna razón, no se notificó a la prensa que no hubo siembras, y varios periódicos informaron que había comenzado. Cuando Betsy pasó cerca de las Bahamas y se estrelló contra el sur de la Florida, el público y el Congreso pensaron que la siembra estaba en curso y culpó a Stormfury. Los funcionarios de Stormfury tardaron dos meses en convencer al Congreso de que Betsy no estaba sembrada, y se permitió que el proyecto continuara. Un segundo candidato, el huracán Elena, se mantuvo demasiado alejado del mar.

Después de Betsy, otros dos huracanes estuvieron a punto de ser sembrados. Hurricane Faith fue considerado un posible candidato, pero se mantuvo fuera del alcance de los aviones de siembra. Ese mismo año, se llevaron a cabo vuelos de reconocimiento al huracán Inez , pero no hubo siembras. Tanto la temporada de 1967 como la de 1968 estuvieron inactivas. Debido a eso, no hubo objetivos de siembra adecuados en ninguna de esas dos temporadas.


Dr. Simpson y R. Cecil Gentry frente al Proyecto Nacional de Investigación de Huracanes en West Palm Beach en 1956. Foto. NOAA.

El Dr. R. Cecil Gentry se convirtió en el director de Stormfury en 1968. No hubo más siembras cercanas hasta 1969. Mientras tanto, el equipo se mejoró. Lo que una vez fue el método primitivo de verter hielo seco a mano fue reemplazado por botes de cohetes cargados con yoduro de plata, y luego dispositivos similares a pistolas montados en las alas de los aviones que disparaban yoduro de plata a las nubes. 

El equipo de observación fue mejorado. Se utilizaron datos de reconocimiento adicionales para modificar la hipótesis de trabajo. La nueva teoría tenía en cuenta las torres cumulus fuera del muro del ojo. De acuerdo con la teoría revisada, al sembrar las torres, se liberaría el calor latente. Esto provocaría el inicio de una nueva convección, que luego causaría una nueva pared del ojo. Como la nueva pared del ojo estaba fuera de la original, la primera pared del ojo se quedaría sin energía y se derrumbaría. 

Además, dado que la nueva pared del ojo era más ancha que la anterior, los vientos serían más bajos debido a una diferencia de presión menos pronunciada.

El huracán Debbie en 1969 brindó la mejor oportunidad para probar los fundamentos del Proyecto Stormfury. En muchos sentidos, fue la tormenta perfecta para la siembra: no amenazó ninguna tierra; pasó dentro del alcance de la aeronave de siembra; y fue intenso con un ojo distinto. 

El 18 de agosto y nuevamente el 20 de agosto, trece aviones volaron hacia la tormenta para monitorear y sembrar. El primer día, la velocidad del viento cayó un 31%. En el segundo día, la velocidad del viento cayó un 18%. Ambos cambios fueron consistentes con la hipótesis de trabajo de Stormfury. De hecho, los resultados fueron tan alentadores que "se planificó un programa de investigación muy ampliado". 

Entre otras conclusiones, fue la necesidad de una siembra frecuente a intervalos cercanos a la hora.

Las temporadas de 1970 y 1971 no proporcionaron candidatos adecuados para la siembra. A pesar de esto, se realizaron vuelos hacia el huracán Ginger. El jengibre no era una tormenta adecuada para la siembra, debido a su naturaleza difusa e indistinta. La siembra no tuvo efecto. Ginger fue la última siembra realizada por Project Stormfury.

Después de las semillas

Los huracanes en el Atlántico que cumplieron con todos los criterios fueron extremadamente raros, lo que hizo que la duplicación del "éxito" alcanzado con el huracán Debbie fuera extremadamente difícil. Mientras tanto, los desarrollos fuera de la meteorología obstaculizaron la causa de la modificación del huracán.

A principios de la década de 1970, la Marina se retiró del proyecto. Stormfury comenzó a reenfocar sus esfuerzos en comprender, en lugar de modificar, los ciclones tropicales. Al mismo tiempo, los aviones del Proyecto estaban llegando al final de sus vidas operativas. A un costo de $ 30 millones (año desconocido) se adquirieron dos Lockheed P-3


P-3C Orion de la Armada de los Estados Unidos

Debido a la rareza de los huracanes del Atlántico que cumplen con los requisitos de seguridad, se hicieron planes para trasladar a Stormfury al Pacífico y experimentar la gran cantidad de tifones allí. Esta acción requirió muchos de los mismos requisitos de seguridad que en el Atlántico, pero tenía la ventaja de un número mucho mayor de sujetos potenciales. 

El plan era comenzar de nuevo en 1976, y sembrar tifones volando desde Guam. Sin embargo, las cuestiones políticas bloquearon el plan. La República Popular de China anunció que no sería feliz si un tifón sembrado cambiara de curso y tocara tierra en sus costas, mientras que Japón se declaró dispuesto a soportar las dificultades causadas por los tifones porque ese país obtuvo más de la mitad de su lluvia de ciclones tropicales. 

Planes similares para operar Stormfury en el este del Pacífico norte o en la región australiana también colapsaron.

Fracaso de la hipótesis de trabajo

Ya se habían detectado muros múltiples en huracanes muy fuertes, como el tifón Sarah y el huracán Donna, aunque los ojos dobles solían verse en sistemas muy intensos. También se observaron doble pared del ojo después de la siembra en algunas de las tormentas sembradas. Sin embargo, en ese momento, los únicos tiempos conocidos que los cambios rápidos en el diámetro de la pared del ojo, aparte de durante las siembras presumiblemente exitosas, ocurrieron durante cambios rápidos en la intensidad. Continuó siendo polémico si las semillas causaron las paredes secundarias del ojo o si era simplemente un ciclo natural. Básicamente, si los cambios en la pared del ojo similares a los observados en huracanes con siembra eran raros en los ciclones tropicales no sembrados, sería una poderosa evidencia de que el Proyecto Fiebre de Tormentas fue exitoso. Por el contrario, si tales cambios fueran comunes en los sistemas no sembrados, arrojaría dudas sobre la propia hipótesis y las suposiciones que impulsan el Proyecto Stormfury. 

Comenzaron a acumularse datos y observaciones que desacreditaron la hipótesis de trabajo de Stormfury. A partir de los huracanes Anita y David, los vuelos de aviones Hurricane Hunter encontraron eventos similares a los ocurridos en las tormentas con "éxito" de siembra. Anita en sí tenía un débil ejemplo de un ciclo concéntrico de pared de ojo, y David un más dramático. En agosto de 1980, el huracán Allen pasó por el Atlántico, el Caribe y el Golfo de México. También experimentó cambios en el diámetro de su ojo y desarrolló múltiples eyewalls. Todo esto era consistente con el comportamiento que se hubiera esperado de Allen si hubiera sido sembrado. Por lo tanto, lo que Stormfury estaba logrando mediante la siembra también estaba sucediendo por sí mismo. 

Otras observaciones en los huracanes Anita, David, Frederic y Allen también descubrieron que los ciclones tropicales tienen muy poco agua sobreenfriada y una gran cantidad de cristales de hielo. La razón por la que los ciclones tropicales tienen poca agua sobreenfriada es porque las corrientes ascendentes dentro de un sistema de este tipo son demasiado débiles para evitar que el agua caiga en forma de lluvia o de congelación.

Como la siembra de nubes necesitaba agua sobreenfriada para funcionar, la falta de agua sobreenfriada significaba que la siembra no tendría ningún efecto.

Esas observaciones llamaron la base del Proyecto Stormfury en cuestión. A mediados de 1983, Stormfury finalmente fue cancelado después de que la hipótesis que guiaba sus esfuerzos fuera invalidada.

Legado

En el sentido de debilitar los huracanes para reducir su destructividad, el Proyecto Furia de Tormentas fue un completo fracaso porque no distinguía entre los fenómenos naturales en los ciclones tropicales y el impacto de la intervención humana. Millones de dólares se gastaron tratando de hacer lo imposible. Al final, "[Proyecto] STORMFURY tenía dos defectos fatales: no era ni microfísicamente ni estadísticamente factible". 

Además, Stormfury había sido un generador primario de fondos para la División de Investigación de Huracanes. 

Mientras el proyecto estaba en funcionamiento, el presupuesto del HRD había sido de alrededor de $ 4 millones (1975 USD, $ 16 millones 2008 USD), con un personal de aproximadamente 100 personas. Hoy, el HRD emplea a 30 personas y tiene un presupuesto de aproximadamente $ 2.6 millones cada año. 


Sin embargo, Project Stormfury también tuvo resultados positivos. El conocimiento adquirido durante los vuelos resultó invaluable para desacreditar sus hipótesis. Otras ciencias dieron como resultado una mayor comprensión de los ciclones tropicales. Además, los Lockheed P-3 eran perfectamente adecuados para recopilar datos sobre ciclones tropicales, lo que permite una mejor predicción de estas monstruosas tormentas. Esos aviones todavía son utilizados por la NOAA hoy. 

El ex presidente cubano Fidel Castro alegó que el Proyecto Stormfury era un intento de militarizar huracanes.










Más:

LA ZONA PÚBLICA : La mentira del voto popular. Para que sirven los políticos corruptos empleados del poder económico.

Fusibles cambiables  del gran robo.

Al amparo de la representatividad institucional que le otorga el "voto popular", el político corrupto construye su PROPIO negocio capitalista haciendo lobby y gerenciando "cosa pública" para los poderes económicos y financieros que controlan y se reparten áreas de influencia en el Estado capitalista. Cómo funciona esa estructura políticos-dueños del poder real que la prensa del sistema OCULTA.




Empleados y patrones

Por encima del poder político se sitúa el poder real de robo capitalista en alta escala (de naturaleza oculta) fundamentado en un trípode: Las grandes cámaras empresariales, las embajadas extranjeras y los monopolios de medios de comunicación.

El político es sólo la expresión gerencial, un ladrón menor,  de ese poder depredador de países que se roba la riqueza mundial por computadora.


Las mayorías, alienadas y embrutecidas por el descerebramiento mediático, creen habitualmente que "el poder" son los presidentes y los gobiernos de turno.

En esta concepción masificada, alimentada por los propios analistas de la prensa convencional,  un "Presidente" es algo así como una entidad supra independiente que toma decisiones autónomas por encima de la trama estructural del poder económico y empresarial.


En sus análisis (y así como hacen desaparecer la dinámica de las relaciones capitalistas) los comunicadores del sistema presentan un escenario de conflictos cuyo eje sólo pasa por las competencias y las guerras entre políticos y partidos.

Este enfrentamiento, entre políticos con otros políticos por el posicionamiento electoral, por un  lado, y las peleas del gobierno de turno con la "oposición", por otro, nunca se asocia con el establishment económico (el poder detrás del trono) y marca la dinámica de la "información"  que a diario consumen las mayorías.

Por lo tanto, para el nivel promedio estadístico masivo (incluido los intelectuales) el poder de decisión es una área de exclusiva competencia de la "clase política" y del gobierno de turno, en perpetua lucha por el sillón presidencial y por el resto de los gobiernos provinciales y comunales y sus áreas legislativas.

Y aquí, se produce la primera distorsión reduccionista: La estructura gerencial (los políticos) es confundida con los patrones (el poder empresarial que controla el Estado capitalista y todo el sistema económico productivo).


Fusibles del gran robo

Lo que la prensa (tanto en los países centrales como dependientes) presenta como guerra de los políticos por el poder, es en realidad una guerra de los grupos económicos por los mercados y por un mayor posicionamiento en las áreas de decisiones del Estado capitalista.

En este juego, los políticos son sólo intermediarios institucionales de esta guerra, tomando posiciones según su vinculación dentro de la red empresarial para la cual prestan servicios como "lobbystas" en los niveles gubernamentales, legislativos y judiciales.

En el Ejecutivo nacional, en los gobiernos provinciales y comunales, en las cámaras del Congreso, los políticos son sólo la polea de transmisión (y de ejecución) de los intereses de los grandes grupos económicos que se reparten el comercio interior, el comercio exterior, y toda la estructura económica productiva del país.

O sea que, la función especifica de la "clase política" no es la de detentar el poder de decisión económica (el poder real del Estado capitalista), sino la de cumplir funciones gerenciales (cuando están en puestos gubernamentales) o de hacer lobbys  (impulsar leyes favorables a sus representados) cuando están en la cámaras legislativas.

Para que esto se entienda mejor: Todo el desarrollo de la carrera de un político corrupto (sin excepción a la regla) está marcado por su condición de lobbysta de algún grupo económico que le paga coimas por sus servicios.


La carrera escalafonaria

La relación empieza cuando inicia su carrera en el escalón más bajo de la pirámide política, pasando por distintos puestos, desde concejal, diputado, intendente, gobernador hasta Presidente, según la suerte que le toque en el negocio.

Las empresas y bancos pagan de dos maneras por los "servicios" institucionales de un político: Financian sus campañas y lo habilitan con un porcentaje (coima por sobrefacturación)   de los contratos que consiguen con el Estado.

Si llegan a los puestos más altos (presidente, gobernador o alcalde), sirven al poder colocando a los operadores de los grupos económicos como funcionarios o asesores claves en los gabinetes gubernamentales.


Esta dinámica es la que le permite a los políticos transformar el gerenciamiento de "cosa pública" en una empresa comercial paralela realizada con el control del Estado. Esta actividad capitalista privada (ejecutada con el Estado como herramienta) es lo que le permite al político convertirse en un próspero millonario y manejar cuentas secretas en los paraísos fiscales.

O sea que, al amparo de la representatividad institucional que le otorga el "voto popular", el político construye su propio negocio capitalista haciendo lobby y gerenciando "cosa pública" para los pulpos económicos y financieros que controlan y se reparten áreas de influencia en el Estado capitalista.

Si las mayorías tomaran conciencia de esta macroestafa y robo capitalista con el Estado dejarían de legitimar a los políticos con su voto en la urna.


Y eso no sucede por una sencilla razón: Los medios de comunicación (guardianes y protectores del sistema) imponen y nivelan la idea de que si la gente no vota se puede ingresar al caos y el "vacío" de poder.

Lo que no tiene ningún sustento lógico, dado que el Estado de las corporaciones económicas funciona al margen del formalismo de las instituciones que le otorgan barniz  "democrática" al macro-robo capitalista de trabajo social y de recursos naturales.

Donde el "voto popular" solo cumple el papel de legitimación social de la estafa institucionalizada con las elecciones y la participación masiva.


Como hacen "desaparecer" a los grandes ladrones

Los que toman las decisiones estratégicas (a través de los políticos) son los factores del poder económico que hacen lobby de presión e influencia sobre el gobierno y los parlamentos.

Esta estrategia (de presentar al gerente como si fuera el patrón) está orientada a hacer desaparecer la estructura del poder real que controla los hilos del Estado por encima de los gobiernos y los sistemas parlamentarios y jurídicos.

Las embajadas extranjeras (principalmente las de EEUU y la UE) cumplen función de "lobbystas" de sus bancos y empresas en el país en que se encuentren.

Las grandes cámaras empresariales,  a su vez,  nuclean a los grandes bancos y empresas multinacionales que mantienen la hegemonía y el control de toda la actividad económico productiva, y a su vez manejan el mercado interno y el comercio exterior (las áreas clave de la economía).


Los grandes consorcios mediáticos (aparte de integrar el sistema como una corporación más) son ultradependientes de los grandes bancos y empresas que pautan el grueso de su facturación con la publicidad comercial.

A su vez, presionan al gobierno nacional y a los provinciales para el otorgamiento de la publicidad institucional de Estado, que complementa su facturación y su rentabilidad por ingresos publicitarios.

Este trípode estratégico constituido por las embajadas (el poder imperial trasnacional), las grandes cámaras empresariales (el poder económico) y los consorcios de la comunicación (el poder mediático) constituye el centro del poder estratégico real  que controla el Estado capitalista, tanto en los países centrales como en los de la periferia dependiente.

Cuando la prensa otorga (a través de la información)  el poder de decisión a los políticos y a los gobiernos de turno, lo que hace es diluir la comprensión y sacar el poder real de la vista de las mayorías.

Y hay una explicación de fondo: Los políticos no son nada más que fusibles cambiables,  ladrones menores, y empleados serviles del sistema capitalista globalizado que controla presidentes, países y mercados a escala planetaria.

Además de su función gerencial al servicio de los grandes grupos económicos, están para preservar el anonimato de los centros de decisión que controlan el poder real de lo que se roban las riquezas del mundo por computadora.









Más:
Carta al político corrupto. COLUMNAS DE OPINIÓN.