jueves 19 de enero de 2012

La zona púrpura: ESE AMOR PARROQUIAL




Desde la posición en la que me encuentro, perteneciendo aún en contra de mi voluntad, a una organización poco acorde con mis ideas, como es la Iglesia católica, me siento más cómodo y con más derecho a declararme en contra de ese amor tan especial y tan parroquial que algunos de sus miembros profesan por sus feligreses.


“Dios es amor.” “Haz el amor y no la guerra.” “Amaos los unos a los otros.” Todas estas máximas y algunas más, me convencen y me han convencido siempre. Pero lo que nunca logrará convencerme, es la forma de llevarlas a la práctica por parte de sus miembros. Esas personas que tras el “forro” de la fe, esconden ovejitas descarriadas.


Esas ovejitas descarriadas, pastan en las verdes praderas sembradas de millones por gobiernos que dejan mucho que desear en cuestiones laicistas. Sus presupuestos no se ven mermados a la hora de hablar de crisis y de recortarle las alas del bienestar económico a los/sus feligreses. Algo, por lo que ellos no protestan en sus púlpitos.

Desde la posición en la que me encuentro, me siento más cómodo para poder decirle a muchas de esas ovejitas descarriadas, que practiquen el amor libre que dios les ha inculcado. Que repartan amor a diestro y siniestro. Pero, que no lo hagan de esa forma tan indisciplinada. Quizás el hacerlo de esa forma, precisamente, es lo que hace ese amor más duradero y lo ha hecho, a lo largo de la historia.

Esa forma tan indisciplinada, ha sido la que les ha hecho permanecer durante siglos a la sombra y la impunidad de los dioses y sus mandatarios. 


Todo ello ha permitido que miles de niños no hayan conocido ese amor de dios, sino el amor del párroco. El amor propio de miles de ovejitas descarriadas que han hecho de miles de inocentes, niños traumatizados en el amor de dios. Niños heridos y manchados por el amor de dios. Niños ultrajados por el amor de dios. Niños que no conocieron el amor de dios, sino el sexo de dios, cuando siempre habían querido decir amor.

Ahora, ese amor de dios brilla con luz propia en medios de comunicación acallados por los gobernantes de la fe. Son adultos y adultas y saben que el amor de dios que conocieron no era el verdadero, sino el sucio amor de un lobo con piel de oveja.


Oveja que pasta a sus anchas amparada por la ley Divina terrenal.     En otro tiempo, fueron las oscuras callejuelas de pueblos y ciudades, los testigos mudos de sus correrías con señoras o doncellas descarriadas. Los tiempos han cambiado. El presupuesto Divino permite amor parroquial vía Internet, tanto parroquial como conventual.

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Si la oveja se descarría y peca, la solución se lava con agua de la pila y la oveja es trasladada a otro redil donde seguir practicando su amor Divino, bien con aburridas y abandonadas damas catequistas o niños “seductores”.



Por eso, desde mi posición de miembro de este rebaño al que pertenezco, repito involuntariamente, imploro a ese amor Divino a que sea más cauto en sus maneras y sus formas para que predique y practique ese amor a la vista del público deseoso de abrir los brazos y recibir amor a raudales.

Es así, y no de otra manera como deberíamos de recibir ese amor. Un amor democrático y no hipócrita. Un amor que nos sale muy caro a los que fuimos inocentemente engañados a esa pila donde beben las ovejas descarriadas con sotana y lavan sus inmaculadas manos.


Queridas ovejas que profanáis a la mujer de otro, al hijo de otro, el bolsillo de otros, la ley de otros. No olvidéis que la ley terrenal Divina que os ampara tiene finas puntas por muchos de sus vértices que hacen sangrar al dedo que las toca si no son tratadas con mimo y con dulzura.  


Firmado a la derecha del padre: Arturo65        

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